Crónica

4. 'En los huesos' (Parte I): La cuenta atrás para la inscripción

Por Jorge Duro · 2 de diciembre de 2023

4. 'En los huesos' (Parte I): La cuenta atrás para la inscripción

En los huesos casi me quedo… Hoy, 2 de diciembre de 2023, se cumplen cuatro meses desde mi llegada a Estados Unidos, y puedo decir a cielo abierto que, hasta ahora, he sobrevivido. Sin embargo, el proceso previo de inscripción casi me deja en los huesos. ¡Vaya lección de paciencia!

el proceso previo de inscripción casi me deja en los huesos.

Todo empezó un 27 de diciembre de 2022, cuando decidí buscar una nueva aventura, y no una cualquiera: oficializar mi salida hacia Estados Unidos. Solo quedaban dos días para inscribirme y optar a una de las plazas como profesor de español. La cuenta atrás había comenzado y solo restaban 48 horas. Yo estaba en Granada, en casa de mi madre, sumido en la modorra navideña, viendo los días pasar.

…y solo restaban 48 horas.

Ante esta presión, reaccioné con tal ímpetu que el azúcar de los turrones se me bajó hasta los talones. Empecé a sudar frío, con una mezcla de nervios y confusión, dudas y demasiadas cuestiones. Pero no pude más, anulé todo tipo de pensamiento, me levanté de un salto y me dije: “¿A qué estoy esperando?”. Encendí el portátil y repetí para mis adentros: “¡Vamos, que nos vamos!”. Tenía tanta ilusión por este proyecto —que había postergado durante tantos años— que no podía permitir que se me escapara una vez más. Llevaba mucho tiempo soñando con este cambio, pero entre los quehaceres de la vida uno se acomoda, dejando que los días pasen hasta que, de repente, o despiertas, o la vida se te va en una ‘volá’.

Echando la vista atrás, llevaba ya trece años como profesor en el IES Pasqual Calbó i Caldés de Menorca. Estaba a gusto en este instituto, un centro entrañable y familiar en una isla pequeña, mágica y tranquila, con una naturaleza embriagadora y unas calas de azul y verde turquesa. Sin embargo, yo, que nunca he sabido aferrarme a un lugar, sentía que necesitaba un cambio, no solo ante la experiencia educativa, sino también ante la vida. Algo así como cambiar el ‘fondo de pantalla‘ y salir de esa zona de confort que, sin darnos cuenta, nos convierte en mecánicas estatuas. Sentía esa llamada a la evasión como mera purificación, como una dispersión necesaria. Así lo vivencié cuando disfruté de una beca Erasmus en Tübingen, Alemania, hacia ahora veintidós años. Por tanto, si la ocasión llamaba de nuevo a mi puerta, ¿por qué no abrírsela?

Echando la vista atrás, llevaba ya trece años como profesor en el IES Pasqual Calbó i Caldés de Menorca. Estaba a gusto en este instituto, un centro entrañable y familiar en una isla pequeña, mágica y tranquila, con su naturaleza embriagadora y unas calas de azul y verde turquesa. Sin embargo, yo, que nunca he sabido aferrarme a un solo lugar, sentía que necesitaba un cambio. No solo en lo profesional, sino en la vida misma. Algo así como cambiar el ‘fondo de pantalla’ y salir de esa zona de confort que, sin darnos cuenta, nos convierte en mecánicas estatuas. Sentía una llamada a la evasión, una purificación, algo que ya había experimentado en el año 1999 cuando disfruté de una beca Erasmus en Tübingen, Alemania. Si la oportunidad llamaba de nuevo a mi puerta, ¿cómo no abrirla?

Si la oportunidad llamaba de nuevo a mi puerta, ¿cómo no abrirla?

IES Pasqual Calbó i Caldés (Mahón, Menorca)
Cales Coves (Menorca, Illes Balears)

En septiembre de ese mismo año, cuando el curso en España recién comenzaba, comencé a buscar opciones para trabajar como profesor de español en Países Bajos y Suiza. Enseguida recordé la nostálgica película de Un franco, 14 pesetas, del dramaturgo Carlos Iglesias, en la que dos amigos españoles se trasladan a Suiza en busca de trabajo. Claro que, de haber querido una aventura más exótica, podría haberme ido a Bali, en Indonesia, donde vive mi hermano David, y haber construido allí otro ‘fondo de pantalla’. Sin embargo, necesitaba acogerme a un programa que me ofreciera ciertas seguridades sanitarias y laborales, lo que me aseguraría una tranquila estancia en el país de destino así como la posterior vuelta a España. El único que se acogía a estas condiciones era el Programa de Profesorado Visitante en Estados Unidos, Canadá, Irlanda y Alemania que anualmente ofrece Ministerio de Educación español desde 1986. Finalmente, en noviembre, mi directora nos reenvió la convocatoria de dicho programa para el curso 2023-2024, y me inscribí.

Y así, en septiembre de ese mismo año, cuando en España apenas comenzaba el curso, empecé a buscar opciones para salir al exterior como profesor de español. Me enfoqué en un destino europeo como los Países Bajos o Suiza y enseguida recordé la nostálgica película Un franco, 14 pesetas, de Carlos Iglesias, en la que dos amigos españoles, en la década de 1960, emigran a Suiza en busca de trabajo. Claro que, de haber querido una aventura más exótica, podría haberme ido a Indonesia, donde vive mi hermano David, y haber construido allí otro ‘fondo de pantalla’ bien diferente. Sin embargo, necesitaba un programa que me brindara estabilidad laboral y una buena cobertura sanitaria. No encontraba nada.

Pero un buen día de ese mismo mes apareció en mi bandeja de entrada el Programa de Profesorado Visitante para Estados Unidos, Canadá, Irlanda y Alemania. Lo venía ofertando desde 1986 el Ministerio de Educación español y aunque nunca le presté demasiada atención, esta vez me dije: «¿Por qué no?»

…enseguida recordé la nostálgica película Un franco, 14 pesetas,

Un franco, 14 pesetas ...

Martín (Carlos Iglesias) y Marcos (Javier Gutiérrez) llegan a Suiza.

Ante la falta de opciones para Suiza, Países Bajos y otros destinos por los que también me interesé, finalmente me aferré a esta convocatoria del Ministerio como a un clavo ardiendo. De los cuatro países que ofrecía, Estados Unidos era el de mayor número de plazas con 617; mientras que Canadá solo contaba con 10 e Irlanda y Alemania con 5 cada uno. Aunque las cifras eran provisionales, esta gran oferta me inclinó por el país de los grandes estados. Si había aprendido a vivir en Alemania como estudiante Erasmus, ahora era el turno de saldar mi cuenta como profesor visitante, y en un continente completamente diferente.

También influyeron en mi decisión las conversaciones con mi amigo Sebastian, un vecino de Washington recién establecido en Menorca. Me animó a elegir Texas como destino, destacando la similitud con nuestro clima, la generosidad de la comunidad latina y el carácter cosmopolita del sur. Me hablaba de su capital Austin, ciudad de la música, y ya me imaginaba recorriendo las praderas de texanas con una brizna de hierba en la boca cantando aquello de: “I’m a poor lonesome cowboy, and a long way from home…

«I’m a poor lonesome cowboy, and a long way from home…».

Lucky Luke

Así fue como me postulé para el programa de docencia en el exterior, consciente de que el hecho de tener una plaza en propiedad me garantizaría ciertas ventajas: todos los docentes fijos pasábamos a la situación administrativa de ‘servicios especiales’, lo que nos permitía mantener nuestra plaza en el mismo centro educativo durante un máximo de cinco años. Además, se nos ofrecía cobertura sanitaria gratuita en el país de destino (un privilegio casi impensable en Estados Unidos), así como la continuidad en el sistema de cotización español. Eso sin contar la mejora en el nivel de inglés y en la cualificación profesional. Incluso teníamos la posibilidad de realizar un máster en el exterior o cursos de formación homologados. Pero lo más importante era la oportunidad de vivir una experiencia tan única como transformadora, algo invaluable, que ni la mejor agencia de viajes podría ofrecer.

Pues bien, como os iba al principio contando durante aquel 27 de diciembre, inmerso en el ajetreo navideño lleno de citas y compromisos, me di cuenta que había ido dejando de lado lo más esencial: la inscripción. Una fuerte corazonada me decía que debía intentarlo, aunque solo quedasen dos días. Así que tragué saliva y me encomendé a la mejor de las suertes. Me puse en ‘modo enfoque’ y, reloj en mano, comencé el reto. Admito que siento enorme aversión por estos procesos burocráticos en línea, tan fríos, lentos como tediosos, pero la ocasión lo merecía. Nada fue fácil: buscar, adjuntar, completar datos y documentos… En más de una ocasión, el servidor de la página se colapsaba y había que reiniciar todo. El tiempo se me deslizaba como la arena en un reloj. Y eso sin contar las preguntas que iban surgiendo conforme avanzaba en las pantallas. Mi entendimiento se achicaba; luchaba por mantenerme animado, despierto, ecuánime. Si necesitaba contactar con Madrid, la espera era interminable, y las respuestas, tardías. Afortunadamente, pude obtener muchas respuestas a través del grupo ‘PPVV USA’ (Profesores Visitantes en EE.UU.) de Telegram, una comunidad de docentes tan serviciales como comprensivos que o ya estaban allí, o se disponían a hacerlo.

Nada fue fácil: buscar, adjuntar, completar datos y documentos…

Así llegó el 28 de diciembre, Día de los Santos Inocentes, y ahí estaba yo, con la noche bien entrada y las persianas de mis párpados soltándose sin control, pagando la ‘inocentada’ del día. Me acosté agotado, pero a la siguiente mañana ya sería 29 y solo me quedaría imprimir la solicitud y enviarla. Una lejana voz me decía: “¿Y lo relajado que estarías si lo dejas? A lo mejor, ni te seleccionan…” Pero aquellos pensamientos, lejos de frenarme, no hicieron sino impulsarme aún más en mi decisión.

“¿Y lo relajado que estarías si lo dejas? A lo mejor, ni te seleccionan…”

En los huesos (Parte II): superPPVVientes.

Próximo sábado 9 de diciembre de 2023.

Comentarios (16)

  • Ruben

    Eres un fenómeno Prim…..disfruta de esta experiencia…..

  • Jorge Duro

    Somos dos fenómenos Prim.

  • Joanna

    Good for you !! Enjoy ! Un beso desde Mahón !

  • Kike

    Disfruta de tu aventura tio

  • Jorge Duro

    Muchas gracias hermano. Como tú pocos amigos hay 😉

  • Jorge Duro

    Thank you very much Joanna for your wonderful wishes! Another kiss back from Kentucky!

  • Azul

    Me encanta ir leyendo tus aventuras. La valentía de salir de la zona de confort tiene sus frutos. Sácale todo lo bueno y el jugo que puedas a «Sinsinati» 😉, allá donde el viento da la vuelta y sigue deleitándonos con tus pasajes.

  • Kiko Fábregues

    Eres un cata-crack!!! Records from Menorca my friend…

  • Jorge Duro

    Estimada Azul, no sabes la alegría que me ha dado leerte. Intentaré hacerte caso y seguiré exprimiendo a «Sinsi». Tu último verso me ha dejado atónito, sin palabras y con una imagen en la retina de mi memoria que quizá me inspire a escribir un poema… «allá donde el viento da la vuelta y sigue deleitándonos con tus pasajes».

  • Jorge Duro

    Crack-Crack-Crack!! ja ja ja. El meu record per tots vosaltres, estimada família del meu institut. Per vosaltres sempre tindré bones paraules. Aupa Atleti my friend…

  • Marc -el de la bicicleta-

    Dono fe d'aquests moments indecisos de si emprendre l'aventura! Quantes estones al solet de la terrassa del Calbó, amic Jorge. Que valent de marxar allà a viure això!! Et llegim!

  • David

    Todos tenemos esa vocecilla que nos dice: «mañana, mañana», pero es la respuesta que le damos la que marca la diferencia entre los cobardes y los valientes a la hora de dar el paso.

  • Loreley

    Qué way!! me han encantado tus dos crónicas y las portadas de calaveras me han hecho reír mucho, estoy deseando leer ya la tercera, me has enganchado, ya tenemos tu padre y yo para comentar tus aventuras. Me encanta sigue así.

  • Jorge Duro

    Estimades paraules Marc, que em porten al record del solet al pati del nostre institut. Segur que vindran nous cafès per platicar sobre els esdeveniments del viatge. Gràcies!

  • Jorge Duro

    Mi mente decía 'mañana' pero si no espabilaba no habría ni un mañana más. XD

  • Jorge Duro

    Las calaveras son de cuando se celebró aquí Halloween. Gracias.

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