Kentukiana

KENTUKIANA 0: Bienvenido al mundo 'Wildcats'

Por Jorge Duro · 15 de noviembre de 2023

KENTUKIANA 0: Bienvenido al mundo 'Wildcats'

¿Debería estar nervioso por lo que se me venía encima? Era martes 22 de agosto y el curso comenzaba de manera oficial. De repente me vi allí solo, en el aula de un colegio norteamericano y a punto de recibir al primer grupo de alumnos. Unos colegiales que jamás había visto, cada uno de su padre y de su madre, de su raza y de su credo, con su simpatía o con su tedio. De hecho, era tal el grado de incertidumbre que preocuparse de más solo enturbiaría el comienzo.

Dibujo de un 'Wildcat', o gato salvaje saliendo de una de los paredes del gimnasio del Newport Intermediate School (Kentucky).

La puerta de la clase permanecía cerrada y con pestillo, tal y como nos habían dicho. Me quedé como embaucado mirando hacia ella, hacia el vidrio transparente que daba a las taquillas del pasillo, disfrutando de esos últimos momentos de silencio y vacuidad como los que anteceden al fragor de una batalla. No quería ni moverme fuera yo a comenzarla. De eso ya se encargarían el vocerío y el tropel de cabecitas que de un momento a otro asomarían tras ese cristal. 

No advertía en mí señal alguna de intranquilidad ni de tensión. Ni la percibía ni se la esperaba. Si bien en otra etapa de mi vida me hubiesen temblado hasta las mismas pestañas, a estas alturas del viaje visualizaba mi anterior experiencia como esos curtidos guantes de portero que se te van quedando mientras van pasando los cursos como temporadas de liga y las clases como finales de copa.

mientras van pasando los cursos como temporadas de liga 

y las clases como finales de copa.

Los alumnos son muy cucos y están constantemente poniéndote a prueba, te lanzan tal cantidad de balones al área que ni los ves llegar. La mayoría los paras de manera acrobática (ahí se ven las tablas que llevas), algunos hasta con la cara (cuando pones en juego tu físico o te rompen algún objeto personal como la guitarra), otros los desvías fuera como puedes e incluso están los que te metes en propia meta (cuando no recuerdas sus nombres o empiezas a perder los papeles). Lo peor es cuando ves que lo que has preparado en tu clase no funciona, entonces echas mano de un plan B, C o hasta Z si hace falta. Todo con tal de que no empiece el ‘colaero goles‘, pues en ese caso unos empezarán a aburrirse mientras que los cabecillas del golpe se activarán para lidiar la revuelta (se pelearán, se insultarán, se levantarán), convirtiéndose aquello en un gran hervidero de emociones. Mientras, tú como árbitro no sabes si sacar amarilla, roja, naranja, llamar a los sanitarios, a los de seguridad o invocar a la misma diosa Fortuna para que baje y te eche un cable. A todo esto, para no hiperventilar y acabar perdiendo la cabeza recomiendo tranquilizarse, no tomarse nada como personal y no entrar mucho en sus juegos. Así son los goles de la experiencia, justo los que nos van moldeando y entrenando como docentes y preparando para hacer en cualquier momento de actor, psicólogo, payasomentorárbitro, cantante, telefonistapolicíadetective, roquero, rapero, juezcamareroenfermerotraductor, experto en fotocopiasDarth Vaderhermano mayor y hasta paño de lágrimas si hace falta. ¡Todo por la educación! Aunque de todo ello no fui muy consciente hasta que pasaron los primeros días y empecé a recibir la primera metralla.

son los goles de la experiencia, justo los que nos van moldeando y entrenando como docentes y preparando para hacer en cualquier momento de actor, psicólogo, payaso, mentor, árbitro, cantante, telefonista, policía, detective, roquero, rapero, juez, camarero, enfermero, traductor, experto en fotocopias, Darth Vader, hermano mayor y hasta paño de lágrimas si hace falta. 

Pasaban los segundos, los minutos y la presencia de aquellas criaturillas seguía sin aparecer.

Entonces, fue cuando me retrotraje a unos días atrás y comencé a pensar en todo lo que habíamos vivido durante las jornadas de formación, los días previos al inicio de las clases. Diez sesiones diarias de preparación intensiva fue el precio por el que todos pasamos. Una de las cosas que más me llamó la atención fue, sin duda, su realización en pleno mes estival de agosto y es que en Kentucky, el curso académico 2023-2024 empezaba de finales de agosto a finales de mayo

Por consiguiente, el curso de formación se había prolongado del 8 al 21 de agosto, siendo aquel último día uno de los más recordados por su emotiva clausura.

Fue en el auditorio del instituto de Newport, con un evento bastante original y muy al estilo americano: la charla instructivo-motivacional que el superintendente, el señor Bolt, nos regaló aquella última mañana.

Entrada principal del instituto de Newport (Kentucky).

Al salir de la ponencia me sentía con las dosis de moral y valor suficiente como para empezar ya al día siguiente. Sin embargo, solo era un subidón de adrenalina ya que estas charlas no solían repetirse con mucha asiduidad y pronto perdería su efecto lisérgico y empoderante. Aquel ‘speech’ habría encajado perfectamente en el formato de las famosas conferencias TED, cuya máxima es la de ‘transmitir lo que sea digno de ser conocido‘. Pues allí estábamos todos, dignos de conocer todo lo que el señor Bolt deseara transmitirnos. Nos invitó a reflexionar sobre nuevas maneras de enfocar diferentes situaciones en la escuela y a reconsiderar al alumno como una persona a la que podemos ayudar a crecer: -La comunidad te necesita, nosotros te necesitamos-, repetía; –confiamos en ti-. Palabras pronunciadas de una forma sincera y cautivadora. Duró como unas dos horas y no fue para nada aburrido ni un simple monólogo. Había opción a la réplica, como en un mic open, donde podías levantar la mano y plantear tu punto de vista. Allí, ante tanto experto, empecé a sentirme como parte de la familia: la comunidad de los wildcats (los gatos salvajes). Y es que aquí cada distrito escolar está representado por un animal o símbolo, lo que afianza el sentimiento de pertenencia al grupo, a la tribu, a la comunidad.

Aquella mañana y con ‘la fresca’ me encaminé desde mi apartamento hacia el Newport Highschool. Al llegar me fui directo a una de las entradas exteriores donde la decoración de unos globos rojos, blancos y negros (los colores de los wildcats), y una música imprecisa que venía de aquel mismo sitio, me indicaban que era hacia allí donde debía redirigir mis pasos. Al llegar, una pequeña pero aguerrida comitiva orquestal de profesores y alumnos, recibía a ritmo de marcha militar el paso triunfal de los que por allí pasábamos, en dirección a la cafetería, a por el suculento y variado desayuno que el buffet del instituto nos había preparado: menú vegetariano y menú con carne, con panecillos, tortilla, patatas, frutas, yogures, frutos secos, bebidas, chocolates y demás dulces.

En lugar de entrar directamente a comer, me quedé grabando algunos momentos de aquella curiosa orquesta y sin pensarlo mucho hasta me animé a acompañarlos a ritmo de palmas, marcando las tónicas y siguiendo al bombo. La mentalidad del verbenero y alegre españolito de a pie habría echado en falta el trillado ‘Paquito el chocolatero’, la ‘Barbacoa’, de Georgie Dann; o el ‘Muerto vivo’, de Peret; pero estábamos en Estados Unidos y al menos musicalmente, se juega, por suerte, en otra división. 

Durante la charla, el señor Bolt se ayudaba de unas proyecciones que él mismo pasaba con un mando mientras permanecía en pie, platicando de forma expresiva y conmovedora ante un numeroso público. Su elegante y entallado chaleco beis con camisa de seda negra lo hacía aún más admirable. Y es aquí se le da mucha importancia al dress code, o código de vestimenta. El profesorado también participó bastante, más de lo que yo hubiese imaginado. Hasta yo puse en práctica mi inglés e intervine en un par de ocasiones. Perdí ese miedo escénico y me lancé, porque me salió del alma, a compartir mis puntos de vista sobre la educación, encima la sala estaba abarrotada de docentes norteamericanos. Ni yo mismo lo creería, ¿quién dijo vergüenza?

Se aplaudían entre ellos con gritos de elogio y demás algarabías, tanto sus propias intervenciones como las salidas de humor del señor Bolt, que yo evidentemente apenas pillaba. El acento de Kentucky es muy variado pero dicen que por lo general suele ser rudo como el de un farmer o granjero. Vamos, que perfectamente se le podría equiparar a nuestro ‘andalú de toa la vía’. Así que ya visualizáis mi cara de póker cuando algún ‘kentukiano’ de la Kentucky profunda intervenía y yo no sabía si se estaba metiendo con alguien o por el contrario lo alababa. Algunos hablaban tan rápido y de una forma tan gutural que apenas cogía un poco del comienzo y otro poco del final. Pero bueno, dicen que todo es hacer oído y que a los tres meses ya empiezas a comprender algo, sobre todo por el contexto.

Se aplaudían entre ellos con gritos de elogio y demás algarabías, tanto sus propias intervenciones como las salidas de humor del señor Bolt, que yo evidentemente apenas pillaba.

Siguiendo con los autoaplausos y demás loas, ya os digo yo que aquí lo viven y se lo creen, la celebración empezó a animarse. Hubo hasta una actividad de baile por parejas consistente en apoyar un par de lápices entre ambas manos, sin dejar que se cayeran mientras sonaba la música y se empezaba a bailar. Las carcajadas comenzaron a escucharse por toda la sala. Salieron voluntarios y la verdad es que lo hicieron bastante bien. Yo estuve a nada de apuntarme, me faltó un poco más de confianza. Eso lo tienen muy bien trabajado. No hay miedo al ridículo, la motivación no escasea y la actitud menos. En base a estos valores siguió girando el evento, contagiándonos a todos de tan altos propósitos. Sé que nos chocaría un poco replicar estos modus operandi pero solo sería al principio. No nos vendría nada mal incorporar algo de este otro quehacer educativo. Seguro que enriquecedor y divertido por lo menos serían.

Siempre me ha maravillado saber hasta qué punto nos condiciona el aprendizaje desde que somos niños y adolescentes y eso que nunca dejamos de serlo del todo.

Estimada comunidad educativa: la fase educativa de un niño es la supervivencia para su futuro. ¿Podrías haber mejorado la tuya?, ¿y la de ellos? Lo interesante es que si mejoramos la de ellos mejoramos la personal y cíclicamente esto se volverá a repetir.

La fase educativa de un niño es la supervivencia para su futuro.

¿Podrías haber mejorado la tuya?, ¿y la de ellos?

- Kentukiana 1: El classroom management. 
(El próximo sábado 25 de noviembre de 2023).

También puedes leer:

- Entrada: 'En los huesos (Parte I)'. De cómo empezó todo.

Comentarios (6)

  • Isabel

    ¡Estupendo! Gracias por compartir tu experiencia. Ayuda mucho a ponernos en situación y conocer el sistema allí 🫶

  • Jorge Duro

    Gracias a tí Isabel. Las experiencias están para ser contadas y si pueden ayudar a conocer esta otra realidad mejor. Suerte y a por ello.

  • Isabel Bugallo

    ¡Me encanta leerte! ¡Te sigo compañero! Un abrazo grande! (You know.. All is big in Texas!) hahahhhhh. Feliz Navidad!

  • Jorge Duro

    Muchas gracias Miss Bugallo. Si has empezado ahora a leerme el blog, creo que entre Kentukianas y crónicas tienes bastante para leer. Espero tus comentarios. ¡Un saludo para Houston!

  • Jessika Magallanes

    Me encanta esa parte donde escribes que perdiste el miedo y te lanzaste… Creo que eso es lo que debemos hacer muchas veces para ganar confianza en nosotros mismos… Y ojalá por lo menos aquí en Venezuela se ayude a los niños a perder sus miedos y se lancen a no temer hacer el ridículo… Eso ayudaría muchísimo a lograr muchas metas y propósitos desde la niñez… Simplemente me encantó tu escrito❣️

  • Jorge Duro

    Es uno de los valores que deberíamos inculcar desde las escuelas: perder el miedo y saltar al vacío, pues siempre toparás con una malla que te proteja de la caída, y si te caes, te levantas. Es así como se aprende: «Caminante no hay camino, se hace camino al andar«, decía el poeta y profesor don Antonio Machado.

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