Kentukiana
KENTUKIANA 1: El 'classroom management'
Por Jorge Duro · 25 de noviembre de 2023

Siguiendo en el instituto y dentro de aquel magnífico auditorio, el día de clausura éramos como unas trescientas personas allí congregadas. Entre personal docente y no docente, incluido una agente de policía, nos encontrábamos representados los tres centros educativos: el Primary school, el Elementary school y el High school. Todos hermanados bajo una misma familia y un mismo lema: los ‘Newport’s Wildcats: we´re about kids’ algo así como los «gatos salvajes de Newport: estamos por los chicos».

El superintendente, el señor Bolt, que viene a ser como un consejero de educación, tiene la oficina en la parte antigua de mi colegio, donde antiguamente se daban las clases. Es una persona que transmite simpatía y respeto a la vez. Según nos contó en su presentación procede de una familia afroamericana bastante numerosa, destacó en los noventa como jugador de la NBA y es un gran amante del hip hop. Durante la charla, hizo un papel brillante como speaker: supo llegar a su público. Por otro lado y a título personal, encuentro perfecto que una persona de raza negra pueda llegar a un nivel jerárquico tan alto. Es por ello, un claro ejemplo que ayudará a seguir derribando muros contra el racismo y más en este país. Sin ánimo de ofender y como anécdota graciosa, el tipo guarda un aire bastante parecido al Príncipe de Bel-Air, o quizá, Will Smith se lo guarda a él. Porta en sus andares un cierto ritmo o groove jovial que lo hace aún más único. Si a esto le añadimos que tenemos un compañero que casualmente también se asemeja bastante a Carlton Banks, la pareja humorística del príncipe en la serie, la coincidencia se hace cuanto más curiosa. Nunca he dejado de preguntarme si soy el único que lo piensa.

En resumen, fueron dos semanas de formación altamente recomendables y enriquecedoras. Si algo me quedó bien claro, fue la urgente necesidad de profundizar más en todo lo referente al ‘classroom management‘, o gestión del aula. Insisten mucho en ello. Siguen como referencia y en muchos estados, dos de los mejores manuales que hasta el momento se han escrito sobre el tema, considerados aquí como biblias de la educación: The first days of school: How to be an effective teacher, y The classroom management book; escritos ambos por Harry K. Wong y Rosemary T. Wong, una pareja de exprofesores y expertos educadores que ha trabajado e investigado largo y tendido sobre el tema.


Aquí se respira compromiso, actitud y ganas de trabajar, seriedad para el puesto al que uno se debe e implicación. ¿Tan difícil es aplicarnos el cuento para seguir hallando nuevas soluciones? La idea es sencilla: observar otros sistemas y adaptar aquellas propuestas que mejor nos ayuden al progreso de una educación más digna para todos, tanto para alumnos como docentes. De hecho, aquí ves a todos los profesores tan metidos en su quehacer diario que no te queda otra que la imitación y pasar a ser un ‘replicante’ más, superándote siempre eso sí, a ti mismo. Ya lo dice el refrán: «allá donde fueres haz lo que vieres».

A su vez, se insiste mucho en apoyar a los alumnos para evitar el fracaso y el abandono escolar. No debemos olvidar que en esta parte del estado de Kentucky muchos niños y niñas proceden de familias muy pobres, desestructuradas y afectadas por problemas de drogas y prisión. Se hace muy complejo gestionar un aula con parte de un alumnado tan desigual y desfavorecido. Necesitan mucho amor y disciplina a la vez: un complejo cóctel de valores. Sin embargo, ¿qué estrategias, qué trucos, qué tipos de actividades emplearíamos para estos casos? Los manuales ayudan pero solo mediante la práctica de la observación y una correcta atención individualizada se puede ayudar al menor a sacarlo poco a poco de ese pozo y a ti a salvarte la clase. No hay mayor satisfacción que volver a verlos sonreír.
Siempre ha sido de grata admiración cruzarte con alguna persona que ha alabado y reconocido tu trabajo. Me ha pasado ya varias veces aquí. Cuando me preguntan a qué he venido aquí y les respondo que a trabajar como maestro en la escuela de Newport, te agradecen casi con el corazón en la mano la labor que ejerces por educar a sus hijos y a los niños de este distrito. Creo que en España eso no es tan frecuente. Se suele criticar bastante al maestro sin tener ni idea del infierno que a veces se puede llegar a pasar en un aula. Nadie puede hablar hasta que no se ha estado dentro de una. Quien te gratifica con sus palabras es porque o tiene clara conciencia de ello, o porque conoce la complejidad que guarda la docencia en este país, donde el éxito educativo no es una de sus mejores suertes por cierto. Como dice el señor Bolt: -I need you, we need you, they need you, believe in it!- Porque si no crees en ello, no vengas a dar clase.
Puede que una de las muchas razones por las que haya decidido romper mi zona de confort y saltar el charco, haya sido la de seguir tejiendo experiencias, sobre todo para aprender de los errores y mejorar mi docencia. Comienzas a darte cuenta de ello con el quehacer educativo de otro sistema como el norteamericano. No es que ellos lo hagan mejor, sino diferente por la realidad tan compleja a la que también se enfrentan. Sin embargo, en nuestras plantillas de profesorado español detecto a veces ciertas inercias negativas muy reacias al cambio que enquistan y lastran el progreso de la educación. Se hace urgente y necesario el derribo de estas, anquilosadas en el tiempo desde el siglo pasado; sobre todo por el bien de ellos, de los niños y niñas que son a los que nos debemos, por los que estamos aquí y por los que cobramos. Ellos dan sentido a una parte muy importante de nuestras vidas.
Pero no todo fueron charlas y ponencias. Me sorprendió mucho un día durante el curso de formación al que llamaron el Open Day (el Día Abierto). Nos citaron en el gimnasio del instituto donde formamos equipos de dos o tres profesores y cada uno tenía la misión de visitar un número determinado de casas donde residían los alumnos. Parecíamos mormones yendo de casa en casa, mormones de la educación. El objetivo era dar la bienvenida tanto a los chavales como a sus padres del nuevo curso escolar, atender sus posibles dudas y motivarlos para el comienzo. A cada estudiante se le entregaba una bolsa del colegio con el calendario escolar, información académica y cómo no, lo que no podía faltar, las famosas candy (chuches), para hacerles un poco más dulce aquella visita y engancharlos a ese temible sustento, una vez más.
Otra cosa que me sorprendió es una costumbre bastante extendida y que casi llega a la competición: decorar la clase lo mejor posible, con tantos detalles como dé tu imaginación. El colegio te ofrece 150$ para invertirlo en el material que te haga falta y en cualquier momento del año. Si aún así no es suficiente hay páginas en la web que también te ayudan a comprar según qué material. Sin embargo, es costumbre aquí que el profe se compre su propia decoración. El objetivo es el de convertir tu aula en un sitio agradable para los alumnos: luces de neón, estanterías repletas de atractivos libros, pequeñas neveras, lámparas y posters de todo tipo, alfombras, butacas, sofás. Algunas clases parecen más bien sacadas de la ‘sección hogar’ del Ikea o de El Corte Inglés. He llegado a ver peceras y hasta terrarios con pequeños lagartos dentro. Pobres animales. Hasta dónde llega la poca empatía del ser humano. Aunque algunos docentes como mi amigo Nick no comparten esta idea pues argumentan que tanta ornamentación despista y desvía el foco de atención del estudiante.



Siguiendo con la parte decorativa, dentro del aula todos tenemos un Calm Corner (rincón de la calma), destinado a todo alumno que se sienta molesto, o sea él o ella el que moleste e incordie y entonces se le invita amablemente a ocupar el respetable lugar. He llegado a ver rincones muy conseguidos, tanto que hasta yo mismo disfrutaría ahí de cualquier lectura. El mío, sin embargo, es más modesto: una simple silla aterciopelada de suelo, sin patas y con el respaldo reclinable, sin alfombra pero acompañado de un Calm Down Kit, que es una simple cesta de plástico con un mazo de tarjetas que ayudan al alumno a identificarse con su estado emocional ofreciéndole a su vez alternativas para solucionarlo, además de unos cojines, libros, unas bolas de mano relajantes y un bloc donde poder dibujar. Yo la verdad es que fue la primera vez que me lo pasé en grande decorando mi propia aula: que si banderitas de todos los países de habla hispana, que si cenefas con diferentes motivos para enmarcar las pizarras, que si bolas de papel de diferentes colores y tamaños que dejé suspendidas del techo. Comprendí que poco a poco y con los trabajos manuales de los alumnos podría transformar la clase en un espacio mucho más acogedor. Solo sería cuestión de tiempo e inventiva.



Seguía haciendo acopio de lo vivido durante aquellos días cuando de repente, escuché el sonido seco de un ‘toc, toc’ en la puerta de mi clase. -¡Ya están ahí!- pensé; y unas diminutas siluetas, cual escurridizos animalillos, empezaron a manifestarse tras el singular cristalillo de aquel grueso pórtico de madera. Comenzaba la primera clase.

– Crónica Kentukiana 2: El primer día de clase. Sábado 2 de diciembre de 2023.
También puedes leer:
– Inicio: En los huesos (Parte I). Sábado 2 de diciembre de 2023.
Comentarios (7)
Amparo
Me ha gustado, muy descriptivo y claro. El superintendente es Will Smith, os ha engañado. Una duda, la decoración para las aulas, ¿la compráis vosotros los profes? ¿Hay algún presupuesto? Lo del cambio en la educación, creo que el profesorado que se va incorporando actualmente sí es más abierto a nuevas metodologías y a seguir formándose, siguen quedando «dinosaurios» (y no sólo por edad), pero creo que cada vez menos, o esa es mi impresión.
David
Muy chulo. Mucha suerte con el blog. Sí que se parece a Will Smith. Quer3mos fotos de Carlton!
Jorge Duro
Hola Amparo, muchas gracias por tus palabras. Respecto a la decoración del aula aquí es muy común que el docente compre los materiales o se los traiga de casa. Al inicio del curso compré por 50 $ una cabeza de plástico que cambia de color continuamente. Me hizo gracia y la adquirí, pero no soy de los que suela gastarse el dinero en decorar la clase. Prefiero confeccionarme yo mismo los adornos con el material del que disponga el centro. Esa también es otra opción aunque empleas más tiempo en ello. Aparte dispones de 150 $ que el colegio dota a cada profesor para gastarlos en material escolar. No es mucho pero ayuda. Me están siendo de gran utilidad algunas páginas web que he descubierto en las que puedes encontrar elementos decorativos de todo tipo (Halloween, Thanksgiving, Christmas, etc.), como por ejemplo Teachers Pay Teachers en https://www.teacherspayteachers.com/. Incluso hay otras que hasta se ofrecen a ayudarte a comprar el material necesario si les presentas un proyecto sincero de lo que necesitas. Alguna que ha colaborado conmigo y a la que estaré siempre agradecido es DonorsChoose: Support a classroom. Build a future, en https://www.donorschoose.org
Jorge Duro
Bueno, habrá que contentar al pueblo. Así que a ver si lo me cruzo por algún pasillo y le digo: «¿Un selfie Carlton?» XD
Amparo
Genial, gracias por las recomendaciones.
José Antonio
Que completa toda tu experiencia, creo que va a ser un lugar donde sanar y además donde compartir. Si necesitas pictos ARASAAC es genial
Jorge Duro
Guau José Atonio, el tema de los pictos ARASAAC me parece un recurso más que interesante. Te escribiré por privado para obtener ver cómo puedo aplicarlos en el aula.