Kentukiana

KENTUKIANA 11 (Parte II). Donde dije 'me quedo', digo 'me vuelvo'

Por Jorge Duro · 11 de mayo de 2024

KENTUKIANA 11 (Parte II). Donde dije 'me quedo', digo 'me vuelvo'

(Viene de la KENTUKIANA 10 (Parte I): Donde dije ‘me quedo’, digo ‘me vuelvo’)

La gran revelación se produjo a primera hora, sobre las 08:15.

Comencé la clase explicando los nombres de los animales de una granja tales como la gallina, el burro, el caballo, la oveja, la vaca. Me propuse entonces imitar sus sonidos para hacer más atractivo el tema. Mis objetivos no eran otros que los de atrapar su atención y encarrilarlos hacia el respeto por la naturaleza y por el de la propia lección. A continuación les puse de fondo el sonido típico de una granja e inicié el concierto. Así cuando no cacareaba, me ponía a rebuznar, o bien relinchaba o ya ladraba. Aquello sí que parecía ya una granja. De este modo les decía: -¡El pollito ¿qué hace?: ¡pío, pío!; ¿el cerdo?: ¡oinc, oinc!; ¿la oveja?: bee, bee; ¿la vaca?: ¡muuu!; ¿el caballo?: ¡hiii!; y ¿cómo canta el gallo?: ¡quiquiriquí!; y, ¿qué hace el pavo?: ¡glu! ¡glu!; y, ¿cómo ronea el gato?: ¡rrrr! ¡rrrr!-.

A su vez intentaba adoptar la postura de alguno de estos ejemplares en mi intento de conseguir un número más cómico. Ya me veíais allí agitando los brazos como una gallina (casi me salen hasta plumas): –¡coo, co, co, co, coooo!-; o bien estirando el cuello mientras maullaba como un gato: –¡miaaau!-. Ellos reían y se tapaban las bocas pero más por mi ridículo que otra cosa, y encima, cuanto más sonreían más imitaciones me salían. Me lo estaba pasando en grande riéndome con ellos y de mí mismo. La clase tomaba ya ciertos tintes circenses pues hasta ellos se ponían a imitar y como comenté en la primera entrada de este blog (Kentukiana 0. Bienvenido al mundo ‘Wildcats’), para hacer de profe hoy en día hace falta desarrollar una personalidad poliédrica, esto es, aprender a hacer un poco de todo. ¿Lo último?, animal de granja: ¡cuac, cuac!

Para esta primera unidad les preparé unas sopas de letras y algunos dibujos de animales para colorear. En la siguiente lección pasaríamos ya al juego online del blooket donde evaluaría su léxico así como el trabajo en equipo. La última sesión la tenía reservada para la parte más creativa: la confección de unas máscaras que acompañarían a sus graciosos movimientos. Quería ofrecer variedad y que el público no se me aburriese, de modo que si no les gustaba el plan A (máscaras de animales de granja), tiraría del plan B (máscaras de insectos y animales salvajes), del C (máscaras de monstruos y superhéroes), o del D (el arte de la improvisación y a poner cara de póker).

La alumna protagonista que prendió la chispa de la gran revelación se hallaba sentada junto a su amiga la ‘señorita O‘. No paraban de mofarse y tomarse todo a ‘pitorreo’. Era la tónica de siempre en ellas y mira que me esforzaba por intentar motivarlas. La única opción era separarlas pero por tal de no crear un mayor descontento, allá juntitas que las dejé.

Ante el continuado escarnio y su cada vez mayor dispersión opté por activar el protocolo de aproximación iniciando una amable charla con ellas. Luego les ofrecí la posibilidad de cambiar de actividad. La ‘señorita K‘ coloreó una mariposa a base de rayajos en menos de un minuto, por lo que le planteé entonces la opción de la sopa de letras para ver si eso la motivaba más, pero tras la negativa reiterada y su terco comportamiento pasé ya a los primeros avisos de las posibles llamadas telefónicas y las amonestaciones escritas. Las dejé hacer y me retiré para ver si mejoraba la cosa. Sin embargo, en un momento en que terminaba de atender las dudas de otros estudiantes, volví a la mesa de las mencionadas alumnas y, ¿qué es lo que me encuentro? A la ‘señorita K‘ rompiendo en tiras finas la inocente sopa de letras, por lo que ahora era ya una ‘sopa de tiras‘ y con eso poco podía hacer mas que ponérselo de broche.

y, ¿qué es lo que me encuentro? A la ‘señorita K‘ rompiendo en tiras finas la inocente sopa de letras, por lo que ahora era ya una ‘sopa de tiras

En ese momento sentí un tremendo ‘shock‘, un golpe anímico en el que algo se me ‘despertó’ y eso que ya estaba acostumbrado a estos lances. Pero este en especial accionó cierto ‘click‘ en mi interior. En cuestión de segundos sentí el alma hecha jirones y aquí el lector podrá argumentar que no debía ser para tanto, a lo que yo le respondería que sin conocer de cerca la experiencia, sería mejor no opinar a la ligera. Y he aquí mi primer error o despiste: la identificación con lo sucedido, el apego a una identidad o situación. Me dejé tomar ciega y mecánicamente por aquello que estaba ocurriendo entre la alumna y yo, y ahí perdí mi ‘yo’, mi ser. Por esto solemos ser tan sugestionables e influenciables, porque precisamente no estamos en nuestro ser o en nuestro centro, sino casi siempre nos dejamos enredar, despistar por toda clase de fruslerías, vagatelas y, en definitiva, todo lo superficial, lo que acaba alienando y deshumanizando nada más y nada menos que nuestras vidas.

Y he aquí mi primer error o despiste: la identificación con lo sucedido, el apego a una identidad o situación.

Debería haber entrenado más el desapego y el poder de la observación pues sobre todo a estas edades y ante las continuadas faltas de respeto y desinterés, lo mejor era no tomarse nada a pecho. Sin embargo, estamos tan metidos en el rodaje de nuestra película que nos resulta a veces muy difícil salirnos de su falso guión. Bueno, no pasa nada, ya estarán los otros actores para recordárnoslo y sacarnos de él, como así bien ocurrió. Y es que vivimos tan apegados a un nombre, a la fama, al estatus, a las banderas y a sus patrias que ya lo aceptamos como algo natural y que ponerlo en cuestión incomoda, sobre todo al ego. Por esto mismo, y es parte de la revelación, comprendí que no hay que luchar contra el ego sino aprender a controlarlo para que no nos domine como lo hizo aquella mañana. No somos nada de lo que nos han dicho que somos. Nuestra identidad es una ensalada de invenciones tanto propias como externas. El problema es que nos las hemos creído. Sin embargo, ¿quién nos alerta y nos enseña a ‘desidentificarnos’ y a ‘desapergarnos’ de estas y otras ficciones? ¿La escuela, los padres, el sistema? Aquí el buen entendedor sabrá de lo que hablo.

Nuestra identidad es una ensalada de invenciones tanto propias como externas. El problema es que nos las hemos creído.

¿quién nos alerta y nos enseña a ‘desidentificarnos’ y a ‘desapergarnos’ de estas y otras ficciones?

El caso es que el acto me superó y viendo aquel papel descuartizado se me representó al instante un inmenso bosque guillotinado. Siempre les recuerdo a los alumnos que tengan consciencia del uso del papel pues viene del asesinato masivo de inocentes árboles, de indefensos bosques. ‘Asesinato’ he dicho sí. El diccionario lo maquea con palabras como tala, madera, papel, pero en verdad sus sinónimos son destrucción, devastación, aniquilación. A muchos ni les afecta pues me escuchan con oídos ciegos y la mente barnizada de ficciones. Me escuchan unos segundos y se ríen. Pero sé que mis palabras no caen en saco roto: –¿Alguna vez habéis abrazado a un árbol?-, les cuestiono a menudo y sus bocas se abren de incredulidad y asombro.

¿Alguna vez habéis abrazado a un árbol?-, les cuestiono a menudo y sus bocas se abren de incredulidad y asombro.

Aquella mañana no activé a tiempo el invisible E.S.C.A.D. (‘Escudo de Superprotección Contra Alumnos Disruptivos‘), por lo que la travesura de la ‘señorita K‘ me pilló con la guardia baja y me sentó como un corte de digestión cerebral. Sin embargo, tras el acto logré actuar con normalidad y le retiré el mutilado cuerpo de papel de la forma más tranquila que supe. Llamé a uno de los vigilantes del BI, o Behavior Intervention (‘Intervención en el comportamiento’), y tras sacarla de clase continué aparentemente calmado. Digo aparente porque el efecto del golpe no se manifestaría hasta unas horas después. Segundo error o despiste: la falta de ecuanimidad, de equilibrio pues si bien controlé la situación al principio, lo que vino después me fulminó.

Segundo error o despiste: la falta de ecuanimidad, de equilibrio

En cuanto acabé la clase y se marcharon me dirigí al ‘restroom‘ o servicio para esparcirme agua fresca por las muñecas y la cara. Estaba sofocado: –Meditación, meditación-, me replicaba frente al espejo. Mi mirada era como la de un dragón que quería escapar. Entonces comprendí que un cambio inminente se estaba gestando para expresarse con toda su fuerza. Lo sentí desde el estómago a la cabeza pasando por el mismo corazón. Luego me invadió todo el ser.

Mi mirada era como la de un dragón que quería escapar.

Horas más tarde, a eso de las 11:45, subí a la primera planta donde se localizaba el comedor para hacer el turno de guardia. Allí estaban los alumnos de tercer grado en su tiempo de lunch o almuerzo. Mientras subía las escaleras una cierta zozobra empezó a desestabilizarme. Algo no iba bien. Fue entrar al gran salón cuando aquella sensación pasó a ser de asfixia y agobio. Se extendió desde mi abdomen a la garganta constriñéndome la voz. No me salían las palabras, el aire apenas me entraba. Quería gritar pero hacia dentro. Creía que iba implosionar.

Dio entonces la casualidad que justo por allí pasaba la directora y sin pensarlo saqué el móvil y escribí en él: –I have a panic attack, can I go to my room?-, (tengo un ataque de ansiedad, ¿puedo irme a mi aula?). Ella afirmó con la cabeza sin mediar palabra. Yo se lo agradecí, más por lo segundo que por lo de dejarme ir, que también, pues si me hubiese hecho hablar seguro que me habría puesto a llorar como una magdalena: era el llanto de la impotencia. Entonces, salí fugaz y con la cabeza gacha para que ningún estudiante se percatara de mi estado. Justo al llegar a la puerta un alumno guatemalteco me vio y preguntó: -Mister Duro, ¿está bien?-, a lo que respondí con un pulgar hacia arriba sin siquiera mirarlo. Bajé raudo las escaleras, entré en el servicio y sentí de nuevo la reanimación del agua. Tenía la cara enrojecida y los ojos hinchados. Era el segundo ataque que tenía desde aquel primerizo, justo aquel día de agosto en comenzaron las clases. Me encerré en el aula y me senté. De mis cuencas salían ya menos lágrimas, pero nada, las suficientes como para terminar de verter la frustración que en aquel momento sentía. Había venido para enseñar español, no para educar a salvajes todos los días, clase a clase, a todas horas. Me reacomodé en el respaldo de mi silla, empecé a trabajar con la respiración y logré entrar en un estado de sosiego.

I have a panic attack, can I go to my room?-, (tengo un ataque de ansiedad, ¿puedo retirarme a mi aula?).

Había venido para enseñar español, no para educar a salvajes todos los días, clase a clase, a todas horas.

empecé a trabajar con la respiración y logré entrar en un estado de sosiego.

Esa mañana un gran entendimiento suprarracional, como un rayo de luz rebosante de sabiduría y discernimiento empezó a invadirme y para quedarse. Fue una clarividencia con la que empecé a comprender muchas cosas que yacían latentes, dormidas, esperando quizá un momento así. Por la tarde cuando llegué el sofá de mi apartamento baremé lo sucedido, apacigüé aún más la mente y fue cuando empezaron a venirme revelaciones, unas tras otra.

Fue una clarividencia con la que empecé a comprender muchas cosas que yacían latentes, dormidas, esperando quizá un momento así.

Desde ese día no he dejado de percibirlas y cada vez con mayor claridad. Por poner solo unos pocos ejemplos os diré que he aprendido a revalorar lo que tenemos en España, lo que significa el cariño de la familia, la amistad de los buenos amigos, los pequeños detalles que son tan numerosos como estrellas hay en el cielo, ya sea pasear por el campo de Menorca a pie o en bicicleta, sentir los pies hundiéndose en la arena de sus playas, el éxtasis que producen insertarse por uno de sus camí de cavalls (caminos rurales), tomarme un té en una plaza, hablar con abuelillos, sentir la caricia de un perro, de una gato, de un burro; perderme por cualquier naturaleza y poner los cinco sentidos en lo que en ella suceda, salir con mi madre a pasear y con mi padre a la petanca, volver a dar clase en mi antiguo instituto, en conclusión observar todo lo que dejé con otro tipo de mirada más sabia, más limpia de toda esa ficción con la que solemos llenarnos la cabeza, y podría seguir enumerando.

observar todo lo que dejé con otro tipo de mirada más sabia, más limpia

Menos es más. Quiero huir de las ciudades atestadas de edificios y estridentes ruidos, divorciadas de los entornos naturales en los que poder reequilibrarme y disfrutar de todo ellos: campo, montañas, dunas, mar. Huir de una sociedad donde la gente se ha deshumanizado.

Algo muy curioso es que han dejado de apetecerme los grandes festivales y conciertos de música por los que hasta hace muy poco casi hasta ‘moría’ por ir. Las muchedumbres me abruman, la gente ha dejado de transmitirme carisma y humanidad, y el ‘postureo‘ que hoy en día se adopta es un artificio impostado que solo enreda y confunde tanto a sus propios actores como a los que en derredor están. Pero, ¿quién nos aparta el velo de todas esta ficciones?Una nueva forma de ser‘.

¿quién nos aparta el velo de todas esta ficciones?Una nueva forma de ser‘.

En cinco días se celebrará muy cerca de donde vivo el Sonic Temple, un macrofestival que durará del 16 al 19 de mayo y donde participarán cien de las mejores bandas de rock de todo el planeta, pero es que me da igual. Me perderé el regreso de Pantera, así como de las actuaciones de lo que antes fue culto como Disturbed, Evanescende, los clásicos Judas Priest, el hip hop de Cypres Hill, los veteranos Misfits, Anthrax, al cantante de Faith no More con su proyecto Mr. Bungle, Living Colour, Slipknot, Limpbizkit, Royal Blood, Bad Religion, Clutch o Helmet entre muchas más. Si bien por Navidad ya deseaba que llegara esta fecha, ahora es que ‘ni fu ni fa‘.

participarán cien de las mejores bandas de rock de todo el planeta, pero es que me da igual.

Por el contrario, ahora prefiero volver a la tranquilidad de la isla y reencontrar mi mejor centro con todo lo que allí dejé. Si puedo retomaré el free style kung fu, el taichí, el chi kung y seguiré con la meditación (que no medicación), aunque en un entorno mucho más natural y sano. Aquí algún lector podría añadir que con la edad cambia nuestra forma de percibir las cosas, y en cierto modo tendría razón solo que más que de edad prefiero hablar de experiencias, clarividencias causadas cuando a través de un sano discernimiento te das cuenta de que estás elevando tu nivel de consciencia. Si no, ¿a qué venimos aquí sino a intentar ser un poco mejores? Estos descubrimientos no se producen por el culto a ninguna deidad, ídolo, dogma o religión, sino simplemente por ese trabajo continuo, interno y consciente que muchos deberíamos ejercer como humanos que somos, y no solo para nuestro bien sino también para el común. De todo esto hablaré en el siguiente artículo.

ahora prefiero volver a la tranquilidad de la isla y reencontrar mi mejor centro con todo lo que allí dejé.

Volviendo al momento de la revelación en el que empecé a observar la vida de otra forma, creo que ha podido ser un resultado de la forma en que he ido gestionado e interiorizando la historia de mis experiencias. Unas vivencias tan únicas y personales como las que pueda tener cualquier otra persona, ya que en cierto modo todos somos un poco iguales y, a la vez, un poco diferentes. Por ello, todos podemos pasar por momentos de revelación de este tipo, pues no son más que consecuencias de una evolución. Estamos aquí para mejorar, para aprender de cada lección y a su vez, servir de ejemplo y de lección a los que nos rodean. Como me decía mi maestro de kung fu: ‘todo es parte del entrenamiento‘.

todo es parte del entrenamiento‘.

¿Cómo es posible que aquel lunes 18 de marzo me cambiara tanto el juicio? No fue un cambio que se diera de la noche a la mañana. Esa transformación, por así llamarla, ya venía gestándose de una forma silente, continua y a través del trabajo interno que he ido realizando como antes he mencionado, solo que ese día digamos, empecé a ser mucho más consciente de ello.

ya venía gestándose de una forma silente, continua y a través del trabajo interno que he ido realizando

Las mutaciones se producen porque ‘somos cambio en constante mudanza y en continuo descubrimiento‘. Nuestro mismo cuerpo va transformándose segundo a segundo, por no hablar del microscópico mundo que ignoramos, o del infinito cosmos que admiramos. ¿No van entonces a reeducarse nuestros volátiles pensamientos? ¿Acaso no cambian muchos amores casi como de un día para otro? La misma ley de transmutación de la energía afirma que toda ella fluye de manera constante por el universo, cambiando de un estado a otro y de manera ininterrumpida. Por tanto, ‘somos cambio y nada fijo‘. Un cambio que deberíamos saber encauzar y cultivar de una manera sensata y consciente. Cuanto antes lo entendamos, más nos ‘humanizaremos‘.

somos cambio en constante mudanza y en continuo descubrimiento‘.

Un cambio que deberíamos saber encauzar y cultivar de una manera sensata y consciente. Cuanto antes lo entendamos, más nos ‘humanizaremos‘.

Uno de los propósitos por el que empecé a escribir este blog fue para buscar explicaciones al porqué y para qué vine. Solo ahora han comenzado a aparecer las respuestas, sin presión y de forma fortuita.

Solo ahora han comenzado a aparecer las respuestas,

¿Por qué has venido desde tan lejos?-, me suelen preguntar con sorpresa algunos americanos. Solo un tímido ‘yo’ se atragantaba al contestar, titubeaba y hasta se hacía el ingenuo pues nunca he sabido qué contestar con certeza. Ahora, sin embargo, puedo decir que gracias a la experiencia de este viaje he adquirido una nueva forma de ser.

Próxima entrada: – KENTUKIANA 12. ‘Una nueva forma de ser

Comentarios (8)

  • EVA

    Cómo te entiendo Jorge, todo en esta vida es un eterno aprendizaje para ser «persona» y llegar a ese lugar de paz y tranquilidad en nuestra mente que todos necesitamos. Bienvenido de nuevo a la Isla. Lo gozarás aún más despues de esta experiencia. Hasta pronto… P D. Me ha impresionado mucho lo que cuentas en esta entrada del blog…

  • Jorge Duro

    De los viajes es cuando más aprendemos. Supongo que si me lo hubiera pasado genial en el colegio y hubiese vivido otro tipo de experiencias más agradables, seguramente no habría llegado a encontrar ese 'lugar de paz y tranquilidad', que es de lo que más valoro en esta vida.

  • Mònica

    Esto sólo lo puede entender, en toda su magnitud, un docente. Hace un par de años interioricé que sus actos no van contra mí como persona, sino contra la figura de autoridad presente en ese momento, y eso me da la distancia y la fuerza para seguir trabajando y disfrutar con mi labor. Y, muy al final, y pequeñitos, pero se ven los frutos. Y a día de hoy, me compensa. El próximo curso empiezo tu aventura. Espero poder contarla como una muesca más en la barra del bar de la vida… Gracias por compartir esta vivencia.

  • Jorge Duro

    Interesante aportación la que haces Mònica al afirmar que los ataques no van dirigidos a nosotros sino a la figura de autoridad que representamos en el aula. Eso también me da algo de fuerza y distancia como bien dices. Gracias por participar con tu sabio comentario.

  • Virtu

    Las experiencias vividas nos cambian, qué duda cabe. No sé si, de haber sido extremadamente positivas, hubieses llegado a eso, como bien dices. O tal vez sí, pero siguiendo un camino diferente. Toda experiencia nos marca, en un sentido u otro, aunque creo que la edad también tiene un poco que ver, no ya en la transformación, sino en la manera de percibir las cosas. Al menos en mi caso ha sido así; de joven, todo me importaba demasiado, me refiero a hacer bien las cosas, atender a las opiniones de la gente y de mí misma, etc. Ahora tiendo a relajarme en ese aspecto, me importa bastante poco lo que opinen de mí, aunque me mantengo alerta con respecto a mí misma, porque sigo queriendo hacer las cosas bien, pero ya sin tener en cuenta el juicio ajeno, no sé si me explico bien. El entorno ayuda, por supuesto, y te doy la razón. Puedo decir que vivo en una especie de paraíso, lejos del mundanal ruido, donde las personas aún te saludan con afecto cuando te cruzas con ellas. Un lugar con puestas de sol impresionantes, en el que puedes pasear bordeando acantilados o bajo los túneles, en comunión con la naturaleza. La transformación siempre es para bien, estoy convencida. Y si hay que cambiar de ambiente, y existe la posibilidad de hacerlo, hay que hacer caso al corazón y a la mente y buscar la paz y todo lo demás. No quiero extenderme más, al final voy a escribir más que tú ja, ja. Pero me alegro de que hayas llegado a ese convencimiento, aunque hayas tenido que pasar por vivencias poco agradables. En fin, deseando seguir leyéndote y con la seguridad de que haces lo correcto. A partir de ahora todo será mejor para ti. Un abrazo.

  • Oswaldo

    Todos los cambios son un continuo y eso los hace ley. El haber cambiado de una cultura a otra te hizo creer que en ella hay menos interés en algunas cosas. Creo que la situación vivida es común a los tiempos actuales, pero mientras más urbanización menos humanismo, solidaridad, empatía. Si la experiencia hubiera sido en un espacio del llamado tercer mundo, otro cuento sería. Porque la personita que se sienta en el aula es producto de la familia, los medios de comunicación y el cercano entorno. Entenderlo nos hace más empáticos. En cuanto a cada experiencia, como es subjetiva enriquece al Ser que cultivamos y por ello es valedera y valorada. Se me ocurre compartir contigo un pensamiento que me afloró ahora "La vida comienza en el campo y muere en la ciudad". Leer tu experiencia fue un gran gusto.

  • Joan ATE es mallorquí que encara estic per Menorca.

    Estoy contento de que vuelvas. ¡Un abrazote!

  • Jorge Duro

    Gracias. Será una alegría compartida.

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