Crónica

10. 'En tierra' (Parte II): Serendipias

Por Jorge Duro · 27 de enero de 2024

10. 'En tierra' (Parte II): Serendipias

(Continuación de la Crónica 9. ‘En tierra’ (Parte I): Serendipias)

El Southgate House Revival está ubicado en la Iglesia Episcopal Metodista Grace. Esta fue construida en 1866, justo al acabar la guerra civil. El tornado de 1915 destruyó su campanario y nunca más fue reemplazado. Un nuevo tornado dañaría su estructura en 1986. Finalmente su interior fue reformado con tres salas donde realizar diferentes eventos y conciertos. Hoy en día es la combinación perfecta entre un local de música, un bar y la sala de disco donde disfrutar de su amabilísimo personal.

Al llegar al templo una enorme cancela de hierros negros se abría ante nosotros como dos grandes fauces invitándonos a entrar. Seth, Jeff y yo accedimos al santuario por uno de los laterales. Nada más pasar el pequeño pórtico nos encontramos con un chico sentado en un taburete mirándonos con expectación. Era el vigilante y el encargado de cobrar las entradas para acceder a una de las salas, sin embargo, tuvimos suerte de que el evento fuera gratuito por lo que pudimos pasar libres de cobro

Justo a la izquierda de donde se encontraba el muchacho se abría un acceso con unas escaleras de caracol que llevaban a una segunda planta. Me quedé con la curiosidad de saber hacia dónde conducirían pero en aquel momento iba con mis dos nuevos amigos y no era plan de mostrarse quisquilloso así de primeras. Al seguir avanzando de frente el estrecho corredor se bifurcó en dos ramificaciones en forma de ‘T’. Hacia la derecha, un nuevo pasillo desembocaba en una sala mediana llamada The Lounge (El Salón), que era seguramente donde antes se preparaba el cura para oficiar la misa y ahora en su lugar lo habitaba una mesa de billar, mesitas con sillas y una buena barra con una gran nevera acristalada y en su interior un variadísimo surtido de cervezas. Todo orientado hacia un pequeño escenario de madera, idóneo para disfrutar de un buen acústico o eléctrico.

Sin embargo la otra bifurcación, la que se ramificaba hacia la izquierda, llevaba hacia unas estrechas escaleras flanqueadas por una puerta. Tras ella se ocultaba la joya de la corona: la sala Sanctuary, en la antigua nave central de lo que en su momento fue una hermosa iglesia y ahora, uno de las mejores espacios para conciertos y espectáculos de todo Kentucky. Era enorme y magnánima. Aproximadamente tendría entre unos treinta metros de ancho por unos setenta de largo, pero la estampa que mis ojos presenciaban no cabía en mí de asombro: un concierto tras el pórtico del templo, con gente por todos lados bebiendo, conversando, riendo, bailando. Lo que tantas veces me había imaginado vivir dentro de una construcción así, ahora se hacía real.

Unas luces moradas, blancas y rojas se proyectaban sobre las paredes de aquel curioso espacio sin saber a ciencia cierta desde dónde procedían. De este modo, se creaba una atmósfera tan cálida como fantasmagórica, tan cercana como misteriosa. De nuevo, el juego de contrarios se hacía cada vez más evidente sumándose así a la sutil simbiosis que lo religioso urdía con lo pagano.

el juego de contrarios se hacía cada vez más evidente sumándose así a la sutil simbiosis que lo religioso urdía con lo pagano.

Bajo los altos techos dispuestos en dos aguas, unos paneles acústicos repartidos estratégicamente por toda la estructura se encargaban de evitar los rebotes del sonido ofreciendo así una acústica asombrosa. Cinco grandes arcos ojivales de estilo gótico se repartían el peso de todo el techado para acabar en unos pequeños arbotantes que se fundían en los bajos laterales de ambos muros. De cada arco pendían unas largas cadenas que sostenían unas cilíndricas lámparas de estilo medieval, devolviéndole así algo de su original aspecto litúrgico. La sala estaba flanqueada por unas hermosas vidrieras que servían como punto focal. Al mismo tiempo, unas modernas varas de hierro suspendidas a lo ancho del recinto sujetaban los focos que daban luz y vida al discreto escenario.

Este se hallaba al fondo de la nave, justo tras la fachada de la iglesia y en lo que antes era su original entrada. De esta forma, dos baterías, varios teclados con sus soportes, un rack con cinco guitarras, pies de micro y varias columnas de grandes amplificadores y monitores terminaban de conformar la escena.

Tenían todo a punto para el directo. Sus técnicos de sonido más los de iluminación, el servicio de bar, los deejay más el resto de personal. Todos operando de forma silenciosa y coordinada, como hormigas en una calurosa noche de agosto.

La barra del bar se situaba frente al escenario aunque bien alejada, justo bajo el antiguo órgano de tubos que aún conserva la pequeña catedral. Por último, dos gigantescos conductos de color blanco se extendían a lo largo de todo el techo expulsando unas poderosas bocanadas de aire frío, convirtiendo el ambiente en un lugar mucho más apacible y distendido.

Los tres nos adentramos en la magna sala, nos situamos frente a la barra y mientras mis dos nuevos compañeros charlaban, yo seguía estupefacto por la magnificencia que toda aquella imagen transmitía en su conjunto. Todo se complementaba con todo, en comunión, en alianza, donde juntos significaban más que por separado, coexistiendo pacíficamente con el fluir del tiempo.

Todo se complementaba con todo, en comunión, en alianza, donde juntos significaban más que por separado, coexistiendo pacíficamente con el fluir del tiempo.

Sin embargo, no tardamos en salir de allí pues había un dúo haciendo un folk demasiado tranquilo y no era de nuestra especial devoción. Esperábamos algo más agresivo o contundente, algo más punk, funk o rockero, incluso algo de EDM o música electrónica no hubiese estado mal, con esos graves 808 que te hacen vibrar hasta la amígdala del cerebro. Pero sin problema, ya se encargaría Seth de pincharla minutos más tarde en su coche. Les dije de tomar allí unas cervezas pero tenían una mejor propuesta: hacerlo en el Northside de Cincinnati, uno de los mejores distritos en cuanto a música alternativa y directos. De seguro que allí habría muchos más locales y bandas tocando. Conocería al fin una de las zonas que tanto deseaba encontrar. –Trust in me! Trust in me, men!– (‘confía en mí, confía en mí, tío), me decía Seth. Y yo: –Ok! But I don’t want to be dead tomorrow!– (‘¡ok! ¡Pero no quiero estar muerto mañana!), y reían y reían. Me confesé a todos mis dioses, si es que me quedaba ya alguno y me entregué al fluir de la fortuna. Mis niveles de intuición se mantenían calmados y de seguro que era un plan mucho mejor que quedarse allí escuchando folk, solo y sin conocidos. -¡El Northside! ¡Qué buen nombre para tan mágico comienzo!-.

Trust in me! Trust in me, men!– (‘confía en mí, confía en mí, tío), me decía Seth. Y yo: –Ok! But I don’t want to be dead tomorrow!– (‘¡ok! ¡Pero no quiero estar muerto mañana!),

Seth conducía un precioso y moderno Jeep azul oscuro de tan solo 65000$. Nunca había subido en uno y fue todo una experiencia. Iba en el asiento del copiloto y flipando más que un niño chico en una noria. La aceleración de aquel buga era bestial. Íbamos con las ventanillas bajadas y el aire en la cara me transmitía una pura sensación de libertad. Con el móvil iba grabando diferentes tomas a nuestro paso por el gran puente sobre el río Ohio, que une Kentacky con Cincinnati. Luego la entrada al ‘scalextric‘ de carriles que te encuentras nada más llegar a esa gran cuidad. A continuación nos adentramos por el downtown o centro financiero y sus rascacielos, dejando a la izquierda los majestuosos estadios de béisbol de los Cincinnati Reds, así como el de fútbol americano de los Cincinnati Bengals. Más adelante, dejamos la pomposidad de los altos edificios y grandes avenidas para pasar a una de las zonas más oscuras y deprimidas de la ciudad, llenas de factorías y almacenes, gasolineras, puentes y descampados. Todo a su vez, iba acompañado de una gran selección musical que emitían los potentes altavoces de aquel singular bólido. Unos bafles de alta definición con sus grandes subwoofers, instalados tanto en los laterales como en el propio techo del vehículo, lo que lo convertía en una perfecta caja de resonancia con ruedas, tan veloz como segura. Así que a ritmo de punk, reggae y drum&bass, ¡continuó la aventura! Fue todo una sensación volar en aquel coche con un temazo como el de Brother Culture – Sound Killer, por las avenidas de Cincinnati ¡y rumbo al Northside!

Fue todo una sensación volar en aquel coche con un temazo como el de Brother Culture – Sound Killer, por las avenidas de Cincinnati ¡y rumbo al Northside!

Cuando llegamos, Seth aparcó en una explanada muy próxima a la avenida Hamilton, la calle principal de aquel espléndido distrito, donde múltiples locales ofrecían su mejor versión de fiesta y música en vivo. Comenzamos en la Northside Tavern donde una banda se preparaba para empezar. Nos pedimos la primera ronda de cervezas y empezó la primera canción. No sé si llegamos al minuto allí, pero nuestras miradas se cruzaron y lo dijeron todo. El estilo aunque era algo descafeinado, experimental e indie no fue realmente lo que recibió el suspenso, sino más bien la voz o el timbre del cantante que no convenció. El caso es que salimos a la terraza a terminarnos las birras y nos fuimos en seguida para otro local.

De nuevo subimos al todoterreno y pasamos frente al Shake It Records, una histórica tienda de vinilos muy conocida en toda la ciudad. Y menos mal que cambiamos de banda porque lo que iba a venir a continuación marcaría la guinda de la noche.

Entramos al Comet, el último bar de aquella excursión. Con una agenda semanal repleta de conciertos aquel viernes estábamos de suerte. Justo al abrir la puerta, a mano derecha se hallaba la sala y un escenario con una amplia cristalera que daba a la calle desde la que se podía ver a los grupos desde el exterior. Justo en ese momento una banda se preparaba para iniciar el show.

Jeff me pidió una Zombie Dust, una cerveza que más tarde comprendí el porqué de su nombre. Salimos al exterior, se liaron unos cigarrillos y volvimos a entrar a los pocos minutos.

Una vez en la sala tuve la oportunidad de intercambiar algunas palabras con un nuevo Nick, uno de los componentes de la banda, el cual se encargaba del teclado e instrumentos de cuerda. Al saber de mi procedencia quedó totalmente fascinado y me dijo de tomar algo después del concierto para seguir hablando pues chapurreaba algo de portugués y español.

La banda se hacía llamar A Former Friend, algo así como ‘un ex amigo‘ y lo que hacían no solo era pegadizo y bastante rítmico, sino también muy interesante por la versatilidad de instrumentos que intercalaban hasta en una misma canción, como el teclado, la armónica, el banjo, la mandolina y hasta una melódica, instrumento que siempre me recordó a la hechizante versión que Faith No More reinterpreta de uno de los temas que el compositor John Barry realizó para la mítica Midnight Cowboy.

y hasta una melódica, instrumento que siempre me recordó a la hechizante versión que Faith No More reinterpreta de uno de los temas que el compositor John Barry realizó para la mítica Midnight Cowboy.

Nada más comenzar el primer tema confirmé de seguida que no defraudarían. Eran cuatro y sonaban conjuntados, a tiempo y con carisma. Su género lo podría tildar de alternative country rock con un fuerte enraizamiento folk y con atisbos hacia el blues y al punk. Está claro que más vale una canción que mil etiquetas pero su estilo, junto a la bronca y grave voz de Toby, el vocalista, me recordaron en seguida a ciertos temas de la banda sonora de From Dusk Till Dawn y Pulp Fiction.

Disfrutar del show desde la primera fila fue tan experiencial como evocador. Sentirme tan próximo a ellos fue lo bastante comunicativo para afirmar que llegué a sentir esa interacción entre músicos y espectador. De hecho, ocurrió algo muy mágico. Resulta que durante una de las canciones Toby, el cantante, mojó su mano en un vaso con agua casi congelada y de seguida, a modo de bautismo, nos fue repartiendo las sacralizadas gotitas a los que teníamos la suerte de estar allí para recibirlas. Entre el bochorno que hacía y la emoción de haber encontrado a la mejor banda de la noche, aquellas ‘lágrimas benditas’ me acariciaron como un energético bálsamo de hielo. Lo sentí como mi primer bautizo americano que sin pedirlo ni buscarlo allí me lo encontré, en señal de buen agüero y bienvenida en lo que tan solo era mi segundo día en Norteamérica y el primero en el Northside.

aquellas ‘lágrimas benditas’ me acariciaron como un energético bálsamo de hielo. Lo sentí como mi primer bautizo americano

A Former Friend. En el suelo podéis apreciar el fresquito vaso de agua que instantes después sirvió como cáliz bautismal.

Durante la actuación se produjo la última y mágica serendipia de la noche. Una chica de cabellos sumamente cortos bailaba frente al grupo de una manera tan original que me acabé embelesando al principio de su baile, luego de su pelo y más tarde de su nombre. No paraba de preguntarme cómo era posible que solo en aquellas tres o cuatro horas que llevábamos de marcha, llegasen a producirse tantas coincidencias y hallazgos accidentales: amigos, conciertos y ella.

Consciente de lo inalcanzable que sería la conquista, me dejé llevar por el albedrío del momento y me puse a bailar cerca de ella. Primero mediante las miradas, luego mediante algún involuntario roce y finalmente mediante su voz en el bar. El cóctel de alcohol y música ayudó a que me desquitara de la vergüenza y del pensamiento, mostrándome espontáneo y desenvuelto en una danza que me llevó a aspirar a algo más que al simple deseo. Complicidad y entendimiento es lo que solo quería de aquella noche en que conocí a Lexi.

Al terminar el evento felicité a todos los miembros, en especial a Toby y a Nick D’Olimpio, con el que acabé tomándome unos ‘Amaros‘ en la barra, un licor de hierbas muy parecido al ‘Amaretto‘ que terminó de martillearme la cabeza. Me gustó su sombrero y el aspecto bohemio que portaba. Su cara me recordó bastante a la de Mikael Akerfeldt, el cantante de Opeth, pero eso ya entraba dentro de mis asociaciones más personales. Estuvimos intercambiando opiniones sobre música, instrumentos y estilos. Nos pasamos los Instagram para seguir en contacto y hablamos hasta de una posible colaboración introduciendo acordes flamencos con ukelele, algo bastante atractivo y prometedor. Pero de repente, cuando más interesante estaba nuestra conversación llegó Lexi con una de sus amigas a pedir algo en la barra. La proximidad de nuestros cuerpos era tal que perdí el rumbo de la buena plática que hasta el momento mantenía con Nick. No tenía nada que perder pues quizá no la vería jamás, así que con el mejor de mis acentos posibles le pregunté si era del Northside y su voz terminó por hechizarme cual canto de sirena. Iniciamos una charla que duró lo que dura un polo en el desierto. Las luces del bar se abrieron como un deslumbre en la noche anunciando el fin de la velada y ni tiempo me dio a pedirle ninguna seña más.

Seth me llevó hasta el hotel donde caí de bruces sobre la cama. Era tan sublime el mareo que llevaba que ni fuerzas tuve para quitarme los zapatos. Así permanecí como unos veinte minutos creo recordar, ingrávido, silente, con un solo nombre en la mente, totalmente vencido y al poco, frente a la taza del inodoro ajustando mis cuentas.

En definitiva, fue un fin de noche atípico, serendípico y musical, con brindis e imágenes que ahora ya solo guardo en la retina de mi memoria.

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Último baile

Para Ignacio, Patry, Miguel y Lorena

por darme el último empujón

que me lanzó a la pista para cerrar el baile.

La descubrió bailando en mitad de la pista,

altiva su figura, veloz el movimiento

de sus caderas. Supo desde ese breve encuentro

que estaban destinados a conocerse. Lista

ya en su mente la excusa para hablarle, conquista

-tras algunos codazos y un empujón violento-

por fin el territorio donde pedirle un lento

a quien darse cuenta ha perdido de vista.

Furioso y contrariado por su mala fortuna,

cabizbajo se aleja de allí. Por todo el bar

la busca. Se detiene en la barra. Pide una

copa. Desanimado se quiere emborrachar.

Con exceso de whiskys y una náusea importuna

corre a los baños. Ella le ayuda a vomitar.

Javier Benítez Láinez

                                                                                                                        

Continúa en la siguiente crónica:

11. En el Comet: ‘The Mortals’ Final Show

Comentarios (26)

  • Lisandro

    Buena experiencia automovilística y musical. Bonito nombre el de Lexi. ¿Cómo está tú nivel de inglés?

  • Desi

    ¡Leído y expectante! ¿Que pasará con ella? ¿La volviste a ver? Esperaré a la siguiente entrega…♥️

  • Fénix Carmona

    Me quedo por aquí hasta que Lexi tenga su propio post.

  • Jorge Duro

    Lexi, solo su nombre ya hechiza…

  • Jorge Duro

    Pasaron cosas con Lexi, pero todo a su debido tiempo y en futuras crónicas.

  • Jorge Duro

    Fue una experiencia brutal ir subido en ese Jeep con el tema de Brother Culture - Sound Killer. El concierto con el que cerramos la noche fue magnífico, como magnífica la aparición de Lexi, que hasta su nombre engancha. Mi inglés va bien. Entiendo más que comunicar puedo. Aprendo bastante slang o idioma de la calle. Pero también hay que ponerse a leer libros y escuchar audios o películas si uno quiere avanzar. No me junto con españoles porque españoles no hay por mi zona, así que espero que siga mejorando mi nivel por si pronto me vuelvo a cruzar con Lexi…

  • Beez

    wow I'm shocked to learn such a different side of someone who I thought I knew better…

  • Jorge Duro

    The writing is full of fact and fiction, it's just that we will never know what is real and what is fiction. «The poet is a pretender» the Portuguese poet Fernando Pessoa already said: «The poet is a pretender who constantly pretends, who even pretends that it is pain, the pain that he really feels. And, in the pain that you have read, to read his readers come, not the two he has had, but only the one he has not.»

  • Beez

    «Vous êtes un artiste extraordinaire monsieur!» Thank you for the beautiful quote from Pessoa. Look up «Limelight» by Rush lyrics -in part- and nod to Shakespeare: «All the world's indeed a stage -We are merely players -Performers and portrayers- Each another's audience outside the gilded cage.»

  • Patricia

    Vivir la experiencia desde todas sus perspectivas y sumergirse en ellas, de eso va la vida, ¿no? Te superas en cada entrada. Maravilla todo lo que muestras y enseñas y cómo lo haces.

  • Jorge Duro

    He venido para sumergirme en esta experiencia americana, pero aún no he emergido. Quedan muchas más perspectivas que probar y relatar. Cuando emerja definitivamente, habrá llegado el momento de quizá marchar.

  • José Luis

    Has sembrado la semilla de la intriga con lo de Lexi…

  • José Luis

    Ahí, dominando los palos del relato. 👏👏

  • Jorge Duro

    La verdad es que no esperaba que tuviera tan buena aceptación la aparición de Lexi en escena. Gracias por tu semilla mediante este comentario.

  • Jorge Duro

    Se intenta José Luis, se intenta, y seguiremos poniendo al lector a prueba. XD

  • Eva

    Buena experiencia para tu segundo día allí…..

  • Jorge Duro

    Fue demasiado buena, por eso le dediqué estas dos crónicas, para compartir lo especial que pueden ser a veces los momentos. Aunque, como siempre, es la mente la que decide qué es especial y qué no. Así de simple.

  • Marcelo

    Ciertamente sigo afirmando que tienes talento para las letras, sobre todo para la narrativa descriptiva, aprecio el detalle que colocas en las palabras, que abordan la experiencia tuya y que permite al lector también revivirla en cada frase. Mis respetos y saludos amigo.

  • Jorge Duro

    Me encanta conseguir en el lector esa identificación con el relato de la escena, haciéndolo partícipe de la misma. Gracias Marcelo. Mis respetos también hacia ti. Un saludo.

  • Jorge Duro

    ¡Oído cocina! Marchando una de Lexi…

  • Patricia

    Con cada post te superas y nos enganchas más. Get lucky

  • Jorge Duro

    WoW, gracias por esos cumplidos. Los tendré en cuenta 😉

  • Nicholas D’Olimpio

    Muchas gracias por incluirnos en tu escrito. Te debo otro Fernet en el futuro. Cosas buenas mi amigo.

  • Jessika Magallanes

    Necesito probar esa cerveza Zombie Dust… Jaja… Por fin supe cómo conocíste a Lexi… Me encanta cada línea que escribes… Ya siento que salgo contigo, con Phineas y Ferb a pasear también jaja.

  • Jorge Duro

    Hola Nick D'Olimpio, fue todo un honor conoceros y conversar contigo. Fuisteis el primer grupo que vi en directo a mi llegada a Estados Unidos y encima en una noche tan especial como aquel viernes 8 de agosto. Espero que nos reencontremos pronto. Un abrazo.

  • Jorge Duro

    Esa cerveza tiene más peligro que un zombie suelto. Me alegro que hayas empatizado con el personaje de Lexi y gracias porque mis historias te gusten tanto, por sentirte parte del relato. Lo de pasear con Phineas y Ferb muy bueno XD.

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Se publicará cuando Jorge lo revise.