Crónica
11. En el Comet: 'The Mortals' Final Show
Por Jorge Duro · 3 de febrero de 2024

(Continuación de la Crónica 10. ‘En tierra’ (Parte II): Serendipias)
Era viernes 8 de septiembre y el verano se resistía por mucho a marchar. Había sido una de las estaciones más ardientes de la Tierra en todo su registro climático. Se cumplía la tercera semana de trabajo y al menos en el interior del colegio la baja temperatura del aire lo hacía todo más fácil y llevadero. La mañana había sido tranquila salvo las continuas batallas dialécticas que mantenía cuerpo a cuerpo con algunos insurrectos alumnos. Era el pan de cada día y mi reto más personal: hacerme a ellos. Nunca sabía con qué grupo la cosa estallaría. Era cuestión de suerte y mucho tiento.
Durante mi tiempo de planning (planificación de tareas), salí de mi aula un momento para hacer unas fotocopias cuando me crucé por el pasillo con miss Jane, la profesora de educación física: –What are you planning for this weekend?– (¿Qué estás planeando para este fin de semana?), me espetó la respetable profesora. –Stay at home. Nothing special!– (Quedarme en casa. ¡Nada especial!), le respondí más que convencido.
Como precedente, el anterior sábado lo había pasado en grande con la actuación musical de mi amigo Nick, el profe de música, bajo un ambiente totalmente festivo y con toda clase de comidas, bebidas y actuaciones por todo Covington, su distrito local. Interpretó durante más de dos horas, para lujo de sus vecinos, diferentes covers de corte muy americano ayudándose de diferentes instrumentos como la guitarra acústica, la armónica, el saxo y por supuesto sus arreglos vocales. Incluso improvisó a la perfección el sonido de una nostálgica trompeta en esta sentida versión del Wayfaring Stranger, de Johnny Cash. Más adelante, me sorprendió con su hábil manejo del looper sobre el que reinterpretó un curioso Respect, de Aretha Franklin; con diferentes capas de saxos, guitarras y sonidos vocales percusivos que él mismo grababa y disparaba mediante el mágico secuenciador, pareciéndose más a una orquesta que a un solo chico con su guitarra. Pero si hubo un tema que me dejó especialmente ‘electrificado’ fue el que hizo del Puple Haze, del eterno Jimy Hendrix. En definitiva, fue un sábado apasionante, musical, familiar, con nuevos amigos y conociendo a gente muy amable.


Por tanto, era comprensible que ese mismo viernes en que miss Jane me preguntó sobre mis proyectos para los siguientes dos días, se me marchitara un poco el ánimo al no vislumbrar muchas opciones de repetir algo parecido a lo que viví durante el show con Nick. Así que sin planes, sin nuevos amigos, sin conciertos y sobre todo sin Lexi asumí la quietud del inminente fin de semana. Su baile, su impronta, su voz no dejaban de visitar y atolondrar mi cabeza desde aquella serendípica noche de agosto en que la conocí (léase la anterior crónica 10. ‘En tierra’ (Parte II): Serendipias). ¿Cuándo volvería a verla o a saber de ella? Parecía tan complejo como hallar una aguja en un pajar. Por todo ello, la cosa parecía apuntar al típico finde de abuelo con sudokus y crucigramas, escritos y lecturas, compras y paseos. Sin embargo, quién me iba a decir que estaría completamente equivocado.
Serían las 15:30 cuando terminé de poner las notas de comportamiento y cerré el ordenador. Salí de la escuela y enseguida sentí el picor del sol azotando mi sensible piel no apta para playas y desiertos. Rápido saqué de la mochila mi sombrero de pescador y continué caminando los siete minutos que distaban de mi apartamento. A veces pienso, que puedo ser uno de los poquísimos profesores visitantes que vive tan cerca del centro en el que trabaja, por lo que debo sentirme en cierto modo privilegiado si tenemos en cuenta lo extensas que son aquí las distancias.
Sucedió que justo cuando estaba llegando a la cancela del apartamento mi teléfono comenzó a sonar. -Será mi madre-, pensé, pues su llamada solía caer a veces sobre esa hora. Pero no, ¡era Seth!, uno de los dos amigos que había hecho semanas atrás en aquella fortuita visita al Southgate House Revival (léase la crónica 9. ‘En tierra’ (Parte I): Serendipias). ¡¿Seth a aquellas horas?! Descolgué y su animada voz fue inconfundible: –Hi buddy, what are you doing? I’m with some friends who have come from another state and you have to come with us. We are waiting for you at my house. Take an Uber. You fancy?– (Ei amigo, ¿qué haces? Estoy con unas amigas que han venido de otro estado y tienes que venirte con nosotros. Te esperamos en mi casa. Coge un Uber. ¿Te apetece?). Seth, su casa, nuevos amigos. Me faltó tiempo para pensarlo. La respuesta era más que evidente. Sin embargo, ¿qué me encontraría allí?, ¿una fiesta con gente expectante por conocer a un españolito?, ¿la típica barbacoa americana siendo yo pescetariano? o por el contrario, ¿gente aburrida ignorando a un extranjero? Todo y más podría pasar. Lo bueno es que quizá luego a la noche saldríamos de ‘cacería‘ en busca del mejor concierto. ¡Comenzaba así pues, el fin de semana!
No pasaron ni dos horas cuando un coche, el de mi amiga Christine y profe de la Newport Primary School (la escuela de primaria), me acercó hasta Dayton, el distrito donde Seth vivía. Nada más bajar se abrió la puerta de su casa y apareció tras él una silueta peluda oscura que me miraba fijamente a los ojos. Era el guardián Douglas, un precioso pastor alemán de brillante pelo negro, que por la conveniencia de mi supervivencia, lo mejor que podía hacer era dejar que me olisqueara antes de acceder al interior si no quería acabar descuartizado. Una vez fui presentado de forma amistosa empecé a sentirme como un miembro más de la manada. A partir de ese día, aquel lobo negro de mirada penetrante comenzó a ser un nuevo amigo, protector y juguetón.



– HOHR-heeeeeh- How’s it going?– (¡Jorgeee! ¡Cómo te va!), celebraba Seth. Vamos, como si nos conociéramos de toda la vida.
Nada más entrar, la cocina. Allí estaban todos. Me presentaron a Katelyn (KEIT-lin), la novia de Seth (SEZ); a Alyssa (ei-LI-sa) y Hunter (HAN-ter), las dos amigas procedentes de Pennsylvania (Pensilvania); y a Darren y a Sheila, que eran amigos del grupo. Por supuesto, por allí también estaba Jeff (YEF), el otro gran camarada que conocí junto a Seth.
Aquella no tenía pinta de ser una tarde cualquiera, ni mucho menos. El hecho de coincidir todos allí volvía a ser tan serendípico, como fascinante e inspirador. Me recibieron con loas y alabanzas, pues pasé de ser el profesor español que conocieron durante una noche de verano, a ser un nuevo miembro de la ‘panda‘, de la panda de cazadores de conciertos. Sobre la mesa de la cocina disfruté de un sencillo ‘tapeillo‘ de quesos y galletas saladas, de esas que cuando pruebas una estás perdido porque deseas zamparte el paquete entero, pero no era plan de hacer allí el glotón cuando encima eres un huésped recién llegado. En cuanto a la bebida probé una IPA americana que me dejó con toda una explosiva sensación de sabores en mi desentrenado paladar.
Inmortalizamos el momento y nos preparamos para salir todos juntos al bohemio Northside de Cincinnati.

De izquierda a derecha: Jorge, Elyssa, Katelyn, Hunter y Jeff. El fotógrafo era Seth.
Fuimos directamente al bar Comet, en el Northside de Cincinnati, justo donde un mes antes y en la misma noche había conocido a Lexi y a la banda A Former Friend. Al principio no tenía ni idea del lugar al que nos dirigiríamos, entre otras cosas porque ellos hablaban entre una mezcla de jerga y argot que aún me costaría un tiempo en llegar a entender, además lo hacían bastante rápido y con un acento al que todavía no le había pillado el ‘tranquillo‘.
Seth conducía el Jeep, Jeff de copiloto y yo, como en una lata de sardinas, con las tres chicas a las que acababa de conocer, en la parte trasera del Jeep. Como se aprecia en el vídeo empecé a cogerle gusto a la sensación de ir cruzando avenidas y puentes con las ventanillas bajadas, el aire despeinándome hasta las cejas y la música a todo trapo saliendo de unos altavoces que justo tenía encima de mi cabeza, por lo que el efecto envolvente era bastante real. Sin embargo, durante el trayecto sucedió algo muy curioso que me dejó sin palabras. Resulta que con la aplicación Shazam cacé un tema de post punk de un grupo que me enganchó nada más empezar: The Mortals. Quedé atrapado por ese sonido garajero, frenético y sin florituras, que un introductorio ‘palm mute‘ tan pegadizo como demoledor, abrían la canción. Seguidamente un melódico ‘hey‘ se unía al percusivo rasgueo, para a continuación ser apoyado por un precioso y breve riff de guitarra que terminaría de conformar el foco de esta simple y sensacional composición. Su nombre: The Black Hand (La mano negra). Sin embargo, la sorpresa real vino cuando al llegar al citado bar me los encontré a ellos allí mismo, encima eran los que justamente tocaban esa noche. La casualidad quiso ser más caprichosa aún pues era su concierto de despedida, un ‘Final Show‘, que nos regalarían no solo con su testimonio musical sino también con el obsequio gratuito de su último stock de merchandising: camisetas, cd’s y posavasos con el logo del grupo. Recuerdo que me hice con una unidad de cada pero las perdí más tarde con la confusión y alboroto de la noche.


Otra de las admirables casualidades que se produjeron instantes antes de que diera comienzo el evento fue conocer a Brian Rowe, el técnico de grabación que se encargaba de que todo quedara bien registrado. La cosa fue que Seth comenzó a hablarse con él y acabó presentándonos. Al decirle que yo venía de Menorca se sorprendió aún más, pues como me comentó a continuación, él también había vivido por un tiempo en Mahón por lo que nuestros lazos de amistad comenzaron a estrecharse más rápido de lo que jamás hubiese imaginado. Mantuvimos una breve charla en español sobre aspectos de la isla y sobre la mesa multipistas que utilizaba para registrar todos los instrumentos. Según me dijo, él solo ayudaría con la grabación mientras que Matt, el bajista y un tío muy cachondo, se encargaría de la mezcla y masterización para finalmente publicarla en soundcloud. Acabamos pasándonos los números de teléfono para hacer una quedada posterior donde me presentaría a su sobrino, amantes los dos de España, de su cocina y del fútbol del Athletic Club de Bilbao. La verdad es que fue un tío sumamente amable como semanas más tarde pude corroborar.

Brian Rowe, brindando con un Rioja español.
Ocupamos una de las primeras mesas justo frente al escenario y Seth no paraba de traer cervezas. Yo echaba de menos unas ‘patatillas‘ o la típica ‘tapa granaína‘ que te quita el ‘gusanillo‘ e incluso te hace beber más. Me conformaba hasta con unas pipas o aceitunas en escabeche, pero nada, seguí bebiendo lo que hasta allí me traían solo que con la mente muy clara de no mezclar nada más que cerveza con cerveza, nada de licores ni demás inventos.
De este modo, la pandilla de los seis amigos allí nos situamos, en primera fila, expectantes y henchidos de ilusión. Una ilusión que llegó a desbordárseme justo cuando a la misma tabla vinieron a sumarse unas chicas entre las que había una que se parecía bastante a Lexi. Y es que claro, desde hacía poco más de un mes que no la había vuelto a ver y tampoco las condiciones en que la conocí ayudaron mucho, pero en milésimas de segundo sentí la punzada de que era ella y efectivamente, no me equivoqué, ¡era Lexi! Las alarmas comenzaron a saltarme por todos los lados. Ya no entendía nada. Mi interior comenzó a explosionar de júbilo y temor, solo que nadie se percataba del esfuerzo tan sobrehumano que tuve que hacer para no saltar de alegría y salir dando botes por todo el bar anunciando que había encontrado la aguja en el pajar. No lo haría entre otras cosas porque me tildarían de loco y el concierto estaba a segundos de empezar. Tampoco era plan de perder puntos ante ella, aunque la cordura sí que la tenía ya más que extraviada. Aún así, intentaba estoicamente ‘hacerme el sueco‘, allí callado, aguantando la euforia que hasta por la cuenca de mis ojos me salía. Más bien parecía que iba a implosionar cual submarino cayendo en picado a una fosa abisal. Me sentía como una jarra de cerveza desbordándose y en continua ebullición. Los nervios y la emoción me hacían beber más, festejarlo más. Mi entusiasmo aumentaba al tiempo que mi rubor se desvanecía. Comenzaba a transformarme y a sentirme nuevamente tan agraciado como el día en que la conocí. Las cervezas ayudaban, claro que sí, pero una circunstancia tras otra me llevaron a vivir aquel momento como un summum máximo de amistad, música y celebración. Era una sensación tan adrenalínica como la que puede sentir uno cuando sube a un escenario ante miles de personas.
parecía que iba a implosionar cual submarino cayendo en picado a una fosa abisal. Me sentía como una jarra de cerveza desbordándose y en continua ebullición.
Al parecer, según me enteré más tarde, Lexi pertenecía al grupo de amigas de la pelirroja Katelyn y me la presentó sin saber que ya habíamos bailado juntos, aunque en unas condiciones donde paradójicamente el alcohol hizo de aliado, al despojarme de las vergüenzas y ataduras que el raciocinio siempre amarra.
en unas condiciones donde paradójicamente el alcohol hizo de aliado, al despojarme de las vergüenzas y ataduras que el raciocinio siempre amarra.
¿Cómo eran posibles tantas coincidencias, tantos golpes de suerte que ni imaginándomelos hubiesen llegado a resultar? ¿Así era el azar, el karma o eso que algunos llaman ‘destino‘? ¿O era de nuevo el cartesiano ‘genio maligno‘ que volvía a aburrirse y a hacer de las suyas conmigo? Mi pensamiento para nada me hacía ya creer en semejantes patrañas e inventos de la mente humana. Ya tan solo me dejaba fluir a través de este largo viaje que es la vida, donde ser consciente del momento presente era lo único que verdaderamente importaba y que importa.

De repente los ‘Mortals‘ tomaron sus posiciones, dieron las gracias al público por estar allí ante lo que era su última vez y sin más preámbulos la guitarra de William Grapes abrió el concierto. Comenzaron con un potente Turn Away (Vuelve la cara), toda una declaración de intenciones donde desde el primer acorde supieron meterse al público en el bolsillo. Le siguió el hit con el que llegué a conocerlos de camino al Comet, The Black Hand (La mano negra). Luego vinieron 999, I Found That Essence Rare (Encontré esa esencia rara) y I Want More, otro de los grandes temas donde soltaron la broma de que por favor se llevaran todas las camisetas y cd’s que habían traído. Su pegadizo estribillo: I want more, I want more, I want more than you can give me (Quiero más, quiero más, quiero más de lo que me puedes dar), me hizo anhelar estar más cerca de Lexi, pues justo se hallaba en la otra esquina de la mesa, apoyada sobre el respaldo que su asiento daba en la pared, disfrutando del evento como todos lo estábamos, enganchados y con la expectación en continuo crescendo. Al menos los dos coincidimos en asistir casi juntos al concierto final de aquellos ‘mortales‘.
Su pegadizo estribillo: I want more, I want more, I want more than you can give me (Quiero más, quiero más, quiero más de lo que me puedes dar), me hizo anhelar estar más cerca de Lexi,

Continuaron con DOA, So Suggestive (Tan sugerente), Wasting My Time (Perdiendo mi tiempo), This Human Race (Esta raza humana). Llegados a este punto las chicas de Pensilvania se levantaron y comenzaron a apartar las sillas y las mesas en derredor. Todos no pusimos en pie a bailar y a animar el show pues ante una despedida así, seguir sentados significaría condenar a toda nuestra generación. Continuaron con otro de los cortes que más me gustó, Empty, tan pegadiza como animada donde no pudo faltar un original solo de guitarra. Luego vino Everybody Else, 1992, Desintegration y Long Gone con el que cerraron su energética e inolvidable actuación. Recuerdo que aquí todos nos movíamos a lo loco y sin freno, como lo atestiguó este breve vídeo donde quemamos los últimos cartuchos de aquel viernes 8 de septiembre de 2023.
Meses más tarde se publicaban los catorce temas de este concierto en el que volví a coincidir con Lexi, reavivando las ascuas de mis mil fuegos. Ella rápido se fue y yo de nuevo quedé con mi pandilla y con el anhelo de volver a verla. Acabamos inmortalizando el momento con The Mortals, ¿la última foto de su concierto final?

¿Qué pasó tras acabar el concierto con The Mortals? (Continuará en la próxima crónica)
– Continúa en la próxima crónica (sábado 17 de febrero de 2024). 12. ‘En el agua’ (Parte I): Un viaje inesperado
Comentarios (28)
Eva
Great!
Jorge Duro
Northside Cincinnati is GREAT! Thanks a lot!!
Eva Jiménez
Genial Jorge, ¡¡¡buena fiesta!!!! «El mundo es un pañuelo». Encontrar a ese amigo que vivió en Mahón qué fuerte.
Enrique
Me alegro, parece que estás bien por allí.
Jorge Duro
Sí, aunque el comienzo ha costado bastante y aún trabajamos en ello.
Jorge Duro
A veces las serendipias nos visitan y se producen las magias…
Jessika Magallanes
Necesito foto de Lexi… Jaja… Gracias por compartir tus experiencias, siempre me quedo con ganas de seguir leyendo ❤️.
Jorge Duro
A ver si algún día el personaje que me interpreta se la cruza de nuevo y consigue alguna foto suya. Se lo pediremos al universo de las serendipias…
Jessika Magallanes
Pues si todo se confabula para que se crucen de nuevo… Te aseguro que las serendipias harán lo suyo y esa foto llegará, jeje.
Jorge Duro
Y si es así, aquí estaré yo para contarlo.
Jessika Magallanes
🙏🙏 gracias 😊
Jorge Duro
Los lectores también son para mí una parte muy importante del proceso creativo de un blog, de una novela, de una historia en definitiva; pues atender a sus gustos puede ser un nuevo modelo de configuración narrativa diferente, colectivo, frente al individualismo del autor. Creo que una ves en el programa de Página 2 de La 2, ya salió el tema.
Tristanacolins
🥰🫶🏻Me encanta leer tus aventuras.
Desi
¡Que historión! ¡La magia del fluir con la vida! ¡Los nuevos comienzos! ¡Nuevas amistades! ¡Qué maravilla de artículo Jorge! ¡¡Te superas en cada uno de ellos!! ¡Enhorabuena campeón!👏🏻💪🏻♥️
Virtu
Magistral manera de engancharte a una historia, presumiblemente real, a tenor del acompañamiento fotográfico. Deseando leer la próxima entrega y disfrutar de las aventuras del protagonista. Me ha encantado.
Silvia
Muy divertido, un ir y venir. Encima con un grupo de música y canciones estupendas. Muy chulo tu artículo 👌
Caty
Fantástico como siempre. Ameno, entretenido e intrigante…😉
Jorge Duro
Y a mí me encanta llegar a lectores como tú, Tristana.
Jorge Duro
Tú lo has dicho, la magia del fluir con la vida: FLOW WITH THE FLOW! Gracias por tus alabanzas XD.
Jorge Duro
El protagonista está empezando a recobrar más vida que la que yo le estoy dando aquí, solo espero que los personajes no se me rebelen mucho. Te agradezco mucho tus loas. Espero seguir encantándote. ¡Gracias Virtu!
Jorge Duro
Diversión es una de las claves para que estas crónicas funcionen y la música por supuesto. Gracias y a seguir ¨sonando¨…
Jorge Duro
Cuatro adjetivos que me ayudarán a tenerlos en cuenta para sucesivos episodios. Gracias Caty.
Jorge Duro
Thank you to you!
Marta Justicia Leiva
Con tanta emoción y entusiasmo he vivido el concierto casi en directo desde mi reclinable y cómodo sofá. ¡¡Quiero bailar!!
Jorge Duro
¡Pues ahora ponte a The Mortals -The Black Hand- de fondo y a disfrutar!
Guillem
¡Gracias por compartir tus experiencias Jorge! ¡Veo que la gente de allí que te vas encontrando tiene muy buen rollo!
Jorge Duro
Sí, la verdad es que anoche estuve en un garito donde daban un concierto de bluegrass y fueron muy simpáticos hasta los mismos músicos que más tarde conocí. Ya subiré algún video. Un saludo Guillem y gracias por comentar.
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Thank you for sharing this insightful article! I found the information really useful and thought-provoking. Your writing style is engaging, and it made the topic much easier to understand. Looking forward to reading more of your posts!