Crónica

9. 'En tierra' (Parte I): Serendipias

Por Jorge Duro · 19 de enero de 2024

9. 'En tierra' (Parte I): Serendipias

(Continuación de la Crónica 8. ‘En el aire’: De Menorca a Cincinnati)

Dicen que cuando uno sale de marcha y solo suele ser cuando mejor lo pasa y a veces, añadiría, sucede la mejor de las magias

Era viernes 4 de agosto de 2023 y mi segundo amanecer en Kentucky. Nada más abrir los ojos recuerdo no saber ni dónde estaba. Fueron solo unos segundos de absoluta confusión. Quedé atónito, aturdido por la sorpresa de observar un espacio que no reconocía. De repente, me salió un espontáneo -‘¿y qué hago yo aquí?‘-, en la habitación de un hotel, solo y en…, Norteamérica. Al instante comprendí que aquello iba muy en serio, pues no estaba en casa. Aquello no era sino el efecto de una causa que yo mismo había propiciado, siete meses antes y en el último día, a falta de treinta minutos para que acabara el plazo de inscripción. Increíblemente el Programa de profesorado visitante (véase la crónica 4. ‘En los huesos’ (Parte I): countdown to inscription), empezaba en aquel instante. El hecho de pensar que si lo lograba llegaría a contarlo, me emociona ahora al ver que es justamente lo que estoy haciendo: ‘vivir para contarlo‘, como dicen los Violadores del Verso, o el gran Caballero Bonald.

Recuerdo que era la segunda noche seguida que volvía a dormir como un lirón, pues aún arrastraba la modorra y el jet lag de la pasada jornada llena de aviones, policías y aeropuertos (véase la crónica 8. ‘En el aire’ (Parte IV): de Menorca a Cincinnati). Pero como aquel que dice, acababa de llegar. Era un nuevo kentuckyano donde todo me sabía a estreno.

Una de las primeras imágenes que guardo de Newport son las que me ofrecían las cristaleras del comedor del hotel en el que permanecí durante mis primeros quince días, contemplando las tranquilas aguas del río Ohio mientras desayunaba. El sabroso brunch ayudaba a que las vistas tuvieran más encanto aún: que si un zumo de naranja, que si ‘bagels‘ o roscos de pan con un cremoso queso que yo le untaba, fruta del tiempo, luego un yogurt con sus frutos secos y para rematar un buen café americano en América, nunca mejor dicho. Había que desayunar fuerte para afrontar aquella segunda mañana de ‘asuntos propios’: la búsqueda de un alquiler, pasar por la escuela, la apertura de una cuenta bancaria, la compra de una tarjeta de teléfono americano, la solicitud del ‘social security number‘ o número de la seguridad social. Demasiadas cosas para una sola mañana y para empezar a ser ciudadano americano.

De modo que cogí la mochila, salí del hotel y me dirigí a lo que sería mi nuevo colegio: el Newport Intermediate School. Fui a presentarme y a dar cuenta de mi llegada. Les avisé para ese día y allí que me estaban esperando. Llegué sobre las 11:00 de la mañana. Conocí a los conserjes, a la directora, la señorita Snipper; al superintendente, el señor Bolt (véase Kentukiana 1: El ‘classroom management‘); a su secretaria y al que sería mi mentor y más tarde uno de mis mejores amigos, Nick Dehnam, el profesor de música. Tras esto me llevó en su coche hasta Covington, su distrito, a degustar un delicioso arroz en un restaurante indio y tener nuestro primer encuentro de plática. La continuamos en la Wooden Cask, una de las mejores cervecerías de Newport donde probé mi primera birra con bourbon, el famoso licor de Kentucky.

Me sorprendió bastante que casi toda la música que se escuchaba de fondo era la que solía poner en mi coche cuando iba solo por Menorca y con el volumen como toca. ¿No era espléndido no volver a sentir reggaeton mientras te tomabas una cerveza, ni la repetitiva lista de éxitos musicales que siempre ponen en casi todos los bares? Sonaban temazos de los 90 como las cucharas de Soundgarden, el increíble timbre de Shannon Hoon en Blind Melon, los pegadizos riffs de Colective Soul, el hechizo de Alice in Chains, las originales voces de Eddie Vedder con Chris Cornell en Temple of the Dog, el hipnótica funk rock de Red Hot Chilli Peppers, el remedio de Black Crowes o hasta la nueva superformación de Krist Novoselić con Kim Thayil, Matt Cameron y las hipnotizadores voces de Jillian Raye y Jennifer Johnson en 3r Secret (2023). Además no solían ser los típicos temas comerciales, lo que lo hacía aún más interesante y la cerveza aún más sabrosa. Incluso algunos temas eran tan desconocidas para mí que tuve que tirar de la aplicación Shazam para ‘cazar’ el descubrimiento: -¿Y esto existe?-, era mi continua reacción.

Una nueva ronda de cervezas estaba más que asegurada así que apostamos por unas nuevas IPA de grifo y encima de fabricación casera. El amargo sabor del lúpulo dejó enseguida paso a uno más dulce y afrutado que de inmediato me resucitó todo el paladar. Estuve todo el día con el gran Nick y como se aprecia en la foto de más abajo empezamos a hacer buenas migas. De caracteres parecidos, con el gusto de la música en común y poseedor de un grandísimo corazón, hicieron los efectos suficientes para que la alquimia fraguara en una sencilla y bonita amistad

Durante aquella mañana Nick me acompañó a visitar mi primera opción de alquiler, la planta baja de una casa que aún estaba en plena reforma. Situada en la calle 12 y como a unos quince minutos del colegio a pie, la primera impresión que recibí no me gustó: tenía dos habitaciones mal distribuidas y una cocina por montar. No tenía buenas vistas ni zonas comerciales cercanas y encima de 1150 dólares solo me la dejaban por 1100. Fue uno de los primeros descartes.

Después de almorzar con Nick, me fui al hotel donde me tomé el resto de la jornada como descanso. En mi habitación, la 222, el frescor del aire me acompañaba silente en las lecturas de unos pocos libros que me había traído de España, y cuando me cansaba me ponía con la escritura. Me había enganchado a contar lo más atractivo y novedoso que casualmente era casi todo. De hecho, pasó a convertirse en una costumbre tan placentera que a día de hoy continúa. Al principio las redactaba en un cuaderno, luego pasé al bloc de notas del móvil y finalmente me acomodé a un ligero MacBook Air que el colegio me prestó nada más llegar. Me habitué a ello sin esfuerzo ni obligación. Pasó de ser un mero hobbie en el que coleccionaba simples textos a darles una cohesión y coherencia con su alojamiento en un blog.

El caso es que serían cerca de las 22:00 horas cuando me decidí a cambiar el final de aquel día. Yacía en la amplia y lujosa cama de la habitación cuando de repente me invadió una sensación de inmensa calma en la que empecé a ser plenamente consciente del gran momento que estaba empezando a vivir. Todo aquel espacio se había convertido en mi remanso de paz, con el lecho más grande que jamás había disfrutado, tamaño ‘king’, cubierto de suaves sábanas y con más almohadas que una jaima. Me sentía como un marajá recostado, como un emperador romano. Solo me faltaban las uvas y un querubín tocándome el arpa. De las paredes, camufladas luces proyectaban unas fantasmagóricas sombras que desdibujaban el entorno haciéndolo aún más acogedor. El frescor del aire, acompañado del hipnótico y casi inapreciable sonido que emitía el conducto, me mantenía ingrávido como la niebla y sumido en una especie de hibernación de la que no quería salir, totalmente despreocupado. Todo invitaba a la paz y al remanso, a la inacción y al sueño, que por cierto, rápido llegaba en aquellos días. Sin embargo, la calle gritaba mi nombre y no podía dejarla sin respuesta. 

la calle gritaba mi nombre y no podía dejarla sin respuesta. 

No lejos de allí, a unos veinte minutos a pie, se hallaba un misterioso edificio por el que sentía una extrema curiosidad. Nick me había contado que anteriormente había sido una iglesia, aunque algo maldecida, pues unos tornados acabaron con su campanario en diferentes ocasiones y tras ser definitivamente abandonada, alguien allá por los años 80 decidió comprarla y reconvertirla en lo que hoy es el célebre Southgate House Revival, el perfecto club nocturno para las mejores fiestas y conciertos.

Southgate House Revival

Era viernes y más que evidente que algún grupo debería estar sonando en aquellos instantes. No esperé más. Salté de la cama, me puse las Martens, unos tejanos negros y con mi camiseta de la banda de metal menorquín Cathequesis marché hacia el oscuro y críptico lugar.

me puse las Martens, unos tejanos negros y con mi camiseta de la banda de metal menorquín Cathequesis marché hacia el oscuro y críptico lugar.

Cualquiera diría que iba al confesionario y luego a comulgar. De hecho, iba a hacerlo pero con lo pagano y carnavalesco del singular baile de disfraces que allí me encontraría, en la casa de un otro mi Señor, donde los párrocos eran ya viejos moteros y los monaguillos, miembros de algún grupo de rock deleitando a los fieles feligreses que allí congregados y en feliz comunión ingerían la fresca sangre de algún dios, trocada ahora cerveza.

A su vez, la majestuosidad de un pequeño órgano observaba a las recatadas hermanas sirviendo los espumosos cálices que tras la barra aplacaban la sed del recién llegado visitante. A comulgar que iba yo, atraído por ese halo de emoción e incertidumbre que empujaba mi cuerpo y mis pasos hacia el citado templo, iglesia, club, antro, sala de conciertos o centro de perdición, lo que fuera que allí encontrase. Ya era más un capricho que otra cosa, un antojo enquistado, un deseo inconsumado, un presentimiento que en breve se haría demasiado real. ¿Qué tipo de música? ¿Qué bandas? ¿Qué cuadro de personajes hallaría en el sacrílego santuario?

Enseguida me vinieron a la mente otros ejemplos de iglesias que también fueron reconvertidas en restaurantes o discotecas como la sala Paradiso en Amsterdam, o en pistas de skate, en bibliotecas o hasta incluso en viviendas, como las que habitan en uno de los poemas de Javier Benítez:

Ayer leí 
en el periódico de los sin techo
que todas las iglesias del país
van a ser convertidas en viviendas
para nosotros, decoradas
por nosotros, pintadas
por nosotros
(…)
si acaso estos señores
no se vuelven atrás,
deciden otra cosa
y yo no vuelvo a verte.

                        Javier Benítez Láinez.

Seguía caminando en busca del enigmático templo cuando de repente me vino una cierta música que al parecer era un directo. El impreciso sonido venía de un bar que hacía esquina. Me llegó incluso a molestar el hecho de que justo en aquel instante hubiese allí otro concierto, ya que si entraba seguro que me quedaría y perdería así la posibilidad de conocer el Southgate House Revival pues era ya algo tarde. Irremediablemente tenía que pasar por allí así que me acerqué a una de las ventanas a husmear. Corría el riesgo de que el grupo fuera bueno y entonces sí que sacrificaría la iglesia por el bar, pues bandas buenas no se encontraban todos los días y menos en directo. Desde el exterior el sonido era bueno y así lo terminé de confirmar cuando alguien abrió la puerta del local y aprecié durante unos breves segundos lo que antes era confusión y sonido enlatado. Me empezó a enganchar cierto riff de guitarra pero justo cuando me había decidido casi a entrar, algo cambió en lo que tocaban que dejó de cautivarme. Hubo como un giro drástico en su música y dije -por aquí no-. Y menos mal porque lo que sucedería unos pocos metros más adelante cambiaría el curso de aquella noche y de otras tantas. Aunque quién sabe, lo mismo llego a entrar y me encuentro allí a los Metallica con Sabina y Rosalía cogidos de la mano e interpretando una nueva versión del «Motomami», quién sabe. Los escrutinios del universo son tan posibles como improbables. Lo que sí estaba claro es que en aquel momento sucedió lo que a continuación se dio: una mágica serendipia.

Continué calle arriba y en la esquina con la sexta avenida giré a mano derecha, pero la zona estaba bastante oscura y solitaria así que comencé a dudar si debía redirigirme mejor hacia la izquierda. ¿Me habré desorientado? -pensé-. A todo esto aún no tenía la tarjeta de teléfono americana por lo que ni GPS ni ‘Siri‘ ni ‘Sara’ que pudiera guiar mis pasos, solo mi orientación. Vamos, que me sentía como en uno de aquellos clásicos libro-juegos rojos de los años 80 de la colección Altea Junior, o de la saga verde de Lobo solitario en los que tú eras el héroe y decidías tu propia aventura con unos dados, un lápiz y un papel.

Mientras proseguía mi camino de repente me crucé con dos tipos que charlaban amigablemente frente a lo que parecía ser una taberna especializada en bourbon, la bebida más tradicional de Kentucky. Los miré, me devolvieron las miradas y seguí mi rumbo. Seguí sin detenerme pero me dio la impresión de que podrían ayudarme así que volví sobre mis pasos para preguntarles, con mi mejor acento posible, si iba bien encaminado hacia el sacro lugar. Para mejorar la pronunciación me imaginé una patata dentro de mi boca y probé suerte: –Excuse me, I’m looking for Southgate House. Could you please tell me if I’m at the good direction?– (Disculpadme, estoy buscando el Southgate House. ¿Podríais decirme por favor si está en esta dirección?).

Estos se mostraron muy amables y me indicaron que iba en buen sentido y que lo encontraría en breve. Sin embargo, algo me delató y notaron que no era norteamericano. En ese momento mis niveles de alerta se activaron. No sé si fue por mi aspecto de rubio blanquito europeo con moño en la cabeza al modo Gareth Bale o por mi evidente acento extranjero o incluso por la suma de los dos que la primera pregunta que me hizo uno de ellos fue si era alemán. ¡Jajaja! La risa casi me sale por las orejas, aunque la pude disimular con mi mejor sonrisa respondiéndoles que venía de España y acababa de llegar. ¡Ale! y yo dando más información de la necesaria, si es que no aprendo. Nos presentamos, platicamos un poco y entonces se ofrecieron a acompañarme. Eran Jeff y Seth, parecidos a Phineas y Ferb pero en Kentucky. Yo perfectamente podía ser ahora Perry el Ornitorrinco. La impresión que me dieron fue positiva. De hecho transmitían muy buena onda, así que me dejé guiar por mis sentidos más instintivos y me dejé acompañar.

Un mes más tarde con Jeff (camiseta negra), Seth (camiseta verde) y la demás tropa.

Llegamos al citado templo en cuestión de minutos y pensé que al menos ya no sería asesinado en plena calle. Quizá lo harían dentro del local o quizá fuera, quién sabe. Mi mente no paraba de irse de un extremo a otro imaginando todo tipo de suertes ante aquellos dos personajes que bien podían haber salido de una película de Tarantino como «From Dusk till Down» («Abierto hasta el amanecer»), ¿os suena? Yo ya me veía dentro la película.

(Continuará…, el próximo sábado 27 de enero).

– Próxima entrega, crónica 10. ‘En tierra’ (Parte II): Serendipias (27 de enero de 2024).

Comentarios (32)

  • Mònica

    Vamos a hacer una peregrinación por los garitos que citas… si vamos, claro 😉

  • Guillem

    ¡Has cambiado la «pomada» por el bourbon! ¡Enhorabuena Jorge por lo bien que nos relatas tus experiencias!

  • Kike

    Así me gusta embajador del metal menorquín con camiseta de Cathequesis.

  • Jorge Duro

    Citaré más garitos en el próximo artículo que es la parte II. Os toca ahorrar XD

  • Jorge Duro

    Aquí pomada solo en farmacias jajaja. Sí, era hora de probar otros sabores. Ahora que cuando vuelva a Menorca cogeré la «pomada» con ganas. ¡Gracias Guillem!

  • Jorge Duro

    Fue la única camiseta que me traje de Menorca y la más representativa, para mí. Son un grupazo no solo en cuanto a calidad, sino ya como personas. Los llevaba siempre en el coche (a ellos no, a su música XD). Aquí os dejo su enlace al Youtube Cathequesis. 🤘

  • José Luis

    Jaja, vaya flow estás cogiendo…

  • Jorge Duro

    El flow lo cogí nada más llegar conociendo a estos dos tipos: Seth y Jeff, XD. Buena gente… good buddies.

  • Marta Justicia Leiva

    Cómo disfruto tu narración. ¡¡Me haces reír!! Me siento absolutamente identificada contigo. Gracias por compartir tus sentimientos, tus sensaciones… ¡¡Seguidora number 1!!

  • Eva

    ¡Genial! ¡Me ha encantado!

  • Jorge Duro

    Wow, si disfruta el lector disfruta el escritor. ¡Ups! Me he llamado 'escritor', mis disculpas a Cervantes y demás comensales… En fin, si os hago reír tengo medio Parnaso tendré ganado y si ya os hago también identificaros, llegaré a los tres cuartos de kilo. Compartir sentimientos y sensaciones es lo que nos hace sentir más libres, más vivos…, para eso está el arte (de frío XDDD). ¡Un abrazo ketukiano!

  • Jorge Duro

    Y a mí me ha encantado que te encante. Seguiremos encantando…

  • admin

    Bueno, Marta. qué alegría verte por aquí. Soy Javier Benitez, el webmaster de Jorge 😅

  • Jorge Duro

    En respuesta a Marta, Javier Benítez es como HAL9000, el ordenador de la película «2001: una odisea del espacio«, quien «razona» de forma muy similar (o igual) a la mente humana. Es más inteligente que la propia IA, pues escribe hasta libros de poemas. No te dejes engañar pues yo creo no es humano… XD PD: como webmaster, chapó por el trabajo que está haciendo. Como poeta, un 11 sobre 10.

  • Marta Justicia Leiva

    ¡¡Hola Javier!! No sabes la alegría que me dio al saber que sois amigos. Me encantó leer tus poemas en su blog. ¡¡Faltas tú por estas latitudes!! ¡¡Vente pa ca!!

  • Mercedes

    Espero que disfrutes de tu experiencia, yo estuve en Miami, nada que ver con lo que cuentas y tarde muuuuucho más en salir de marcha, y desde luego ni la música ni las bebidas jeje.

  • Jorge Duro

    ¡Anda! Otra realidad diferente. Está muy bien que conozcamos las diferentes costumbres e idiosincrasias de cada estado. Gracias Mercedes por comentar.

  • Margarita

    El ocio y esa necesidad social, tan importante siempre, hace pensar que el mundo no es tan grande…, y esa música o canción favorita lo es para una gente que jamás pensé conocer y que ¡¡¡también ahora son importantes para mí!!!

  • Begoña

    Lo mejor de todo, lo que tú has comentado: estar en cualquier restaurante o tienda y no escuchar regaeton… ¡Eso vale oro! Esperando la 2a parte…

  • Jorge Duro

    Sí, es una tranquilidad, pues es un ritmo tan repetitivo que termina taladrándote la cabeza y mira que lo respeto eh.

  • Jorge Duro

    Me alegra haberte hecho descubrir música nueva. Gracias.

  • Tània

    Yo lo empecé cuando solo tenía unos pocos minutos pensando "lo termino de leer luego" y al final me lo terminé de una.

  • admin

    ¡¡Ojalá!! lo malo es que ir ahora que va a entrar otra vez el naranjito… Dale un besazo a Sandra y otro grande pa ti.

  • Jorge Duro

    Grato es saber que fue un artículo con «hook».

  • Desi

    ¡Me encanta cómo explicas las diferentes situaciones y estados por las que se pasa hasta llegar allí! Me transmite la ilusión y emoción de que en breve me veré en la misma película! 🤩🤩🤩🤩☺️☺️☺️☺️😉

  • Jorge Duro

    Claro que te verás en la misma película, al menos parecida. Crée en ello y proyéctala y es lo que deseas. Mientras mejora tu nivel de inglés, ves haciendo la lista de cosas que te quieres llevar, prepara las preguntas a la entrevista, investiga sobre el estado que has elegido aunque al final te envíen a otro… Sé feliz y valora lo que ahora vives en España porque luego te aseguro que aprendes a echarlas (mucho) de menos. Gracias por tus positivas palabras Desi. XD

  • Desi

    ¡Buenos días por aquí! ¡Acabo de leer todos los artículos y te comprendo perfectamente! ¡Gracias, gracias, mil gracias por tu testimonio! ¡Me está siendo de gran ayuda! Un abrazo enorme ❤️❤️❤️

  • Jorge Duro

    Si mi testimonio te ayuda me siento noblemente agradecido. Gracias por entender que venir aquí, y sobre todo al principio, no es cosa fácil. Pero de la experiencia se sale muy reforzado. Gracias mil a ti también Desi.

  • Fénix Carmona

    Se está literaturizando el blog. Pillo sitio en primera fila.

  • Jorge Duro

    JAjaJAja…, sí ¿eh? Pues píllate una bolsa gigante de palomitas porque esto no ha hecho sino empezar Fénix… 😉

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  • Jorge Duro

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