Crónica
12. 'En el agua': Un viaje inesperado
Por Jorge Duro · 17 de febrero de 2024

(Continuación de la Crónica 11. En el Comet: ‘The Mortals’ Final Show)
Al terminar el gran show con el que ‘The Mortals’ se despedía de manera indefinida de los escenarios, todos nos quedamos como flotando en una nube. Una inmensa sensación de paz y aturdimiento comenzó a invadirnos, sobre todo a mí, que desde las 7 de la mañana no había parado. Tenía la camiseta empapada de tanto dar botes y mover la cabeza. Mis cervicales ni se atrevían a rechistar, pero sentía su llamada. Aquella noche quedaría grabada a fuego en nuestras cabezas, pero la cosa no había hecho más que empezar, sobre todo por lo que vendría a continuación.
pero la cosa no había hecho más que empezar,
sobre todo por lo que vendría a continuación.

Nos despedimos afectuosamente de la banda y tras recomponer al grupo de amigos salimos los seis del bar con una sonrisa más ancha que la de un Bob Esponja. Vamos, que parecíamos seis sacos de la risa con patas y cuando no reía el uno reía el otro, o la otra, así que vaya orquesta en plena calle y a aquellas horas. -¡Por favor, que alguien pare!-, me suplicaba para mis adentros. Encima yo que ni pillaba los chistes me salvaba. Hablaban en un inglés de la 1 de la madrugada y no pillaba mucho, pero es que me desternillaba de ver sus caras deformadas con semejantes carcajadas. Parecíamos una procesión de zombis llenos de alegría. Cuando llegamos al gran Jeep, Seth abrió la puerta y algo más serio y recompuesto nos llevó a todos de nuevo hacia su casa.
Previamente, durante el concierto me habían comentado de unirme a ellos después de la actuación para pasar el fin de semana en un sitio que no había oído hablar en mi vida, pero que al menos sabía que era campo, naturaleza, al aire libre, que había flores y árboles y no cemento y edificios. En seguida me imaginé la típica escena de película americana donde un grupo de amigos se va a pasar unos días a una cabaña en medio de un bosque y misteriosamente, ¡plof! ¡uno a uno empiezan a caer como moscas!
Me pidieron que llevara un bañador. Hablaban algo acerca de un lago, pero yo jamás me había metido en uno, ni pensaba hacerlo. Teniendo el mar y la playa a veinte minutos de mi casa en Menorca, anda que iba yo a pisar un lago. A saber la de amebas y protozoos que tendría aquello. Me vino enseguida la imagen del famoso pez de tres ojos de cierto episodio de los Simpsons. Demasiadas películas había visto yo. Así nos educa la tele, o «la ventana del ocio» como canta la letra de estos NDNO. La tele, ese aparatito que ha hecho que luego cuando estamos por aquí en los Estados Unidos nos haga pensar eso de: -¡’jostia’, pero si parece que estoy ‘to’ el día en una película!-.
Una vez llegamos a la casa de Seth nos repartimos en dos coches para ir al destino que conocería al siguiente día: el lago Cumberland. Yo me fui con las chicas de Pensilvania y de camino pasamos por mi apartamento para coger algo de ropa, sin olvidar el bañador, por supuesto. Conducía Alyssa, una joven y atractiva rubia que se dedicaba al diseño gráfico de camisetas y logos. Además hacía contorsionismo como más tarde me rebeló la increíble musculatura de su cuerpo. Menuda tableta de chocolate portaba. Más de uno quisiera tenerla. Por otro lado, en el asiento del copiloto iba Hunter, la otra amiga que, como su nombre indica, se dedicaba entre otras cosas a la caza de ciervos. Y es que al parecer la superpoblación de estos animales en Kentucky, según me comentó ella de camino al bosque, supone un gravísimo problema para la regeneración forestal y un riesgo enorme para los conductores que se cruzan con ellos en mitad de las carreteras. Qué culpa tendrán los ciervos de que el humano se cargara a casi todos los lobos del estado, y por ende, el número de ciervos aumentara de forma desorbitada. A veces los he visto escabullirse tras los arcenes de las autopistas intercomarcales y hasta muertos a pie de arcén. El humano era ahora el lobo. En definitiva, cualquiera pensaría que esas dos atractivas chicas se dedicaran a unas prácticas tan insospechadas, pero totalmente legítimas.
El trayecto en carretera fue largo y se me hizo algo pesado. Duró como unas tres horas y media. Paramos en algunas gasolineras y hasta nos dio para tomar otras salidas y perdernos. La verdad es que cuando hacen obras en plena carretera, se convierte en tal caos de balizas y señalizaciones que da pánico atravesarlas. Era por la noche y yo estaba cansado, somnoliento y con bastante hambre. Iba en la parte trasera de un Toyota Camri Azul. Aquí nada de Seat Pandas o Cinquencentos. La amplitud y comodidad de sus asientos se me antojaba como una extensa cama que me invitaba al sueño. Me apetecía tumbarme allí a mis anchas y disfrutar de la cantidad de temazos que nada más subirme al buga me impactaron. Me sentía como en el coche de Thelma y Louise, disfrutando como un simple espectador de los gustos musicales de Alyssa y Hunter, de sus cantos de sirena y de sus meras presencias mientras atravesábamos Kentucky de norte a sur.
Me sentía como en el coche de Thelma y Louise, disfrutando como un simple espectador de los gustos musicales de Alyssa y Hunter, de sus cantos de sirena y
de sus meras presencias mientras atravesábamos Kentucky de norte a sur.
Empecé a enamorarme de las dos, así que si no tenía suficiente con Lexi, ahora se me sumaban estos dos nuevos frentes que para nada controlaba. Digamos que cada una guardaba un tipo de locura con el que yo conectaba. Pero maldecía la mía de caer tan rápido en semejantes redes. Bien sabía que tan rápido como me invadían esas fuerzas, igual de veloz debería desprenderme de ellas. Como de sueños vive el humano y a aquellas horas de mi embriaguez nocturna no estaba yo para muchos juegos de moral, continué entregándome a la magia de aquella noche sin poder poner apenas resistencia. Saqué el móvil, activé el Shazam y me puse a cazar canciones como un loco. Era una forma más de saber algo a cerca de ellas. Me abrían su alma sin yo ser el invitado. Me gustaban casi todos los temas y encima bajo el hechizo de sus perfiles que de forma intermitente vislumbraba con los continuos faros de los coches pasando.
Empecé a enamorarme de las dos,
así que si no tenía suficiente con Lexi,
ahora se me sumaban estos dos nuevos frentes
que para nada controlaba.
Era una forma más de saber algo a cerca de ellas.
Me abrían su alma sin yo ser el invitado.
Fue un viaje con su propia y original banda sonora. Cada canción formaba parte de aquella historia y era un nuevo embrujo con el que aquellos dos seres nocturnos terminaban de embolar mi noche. Quedé atrapado, como en una tela de araña, de los ambientes sonoros que emanaban de aquellas estudiadas fusiones de EDM que allí dentro sonaban. Era un tipo de electro made in USA que enganchaba bastante y eso que no es mi estilo. Pero tenía algo que lo hacía especial: la noche, la situación, ellas. Una música que se intercalaba con otras influencias alternativas e incluso Chill out. Me marcaron los temas de Oliver Tree, como Life Goes On (La vida continúa); Jerk o Alien Boy, ideales para iniciar aquella travesía que no había hecho sino empezar. Comencé a sentirme como en un nuevo concierto solo que con el lujo y la exclusividad de estar a solas con ellas dos. Luego vinieron piezas donde de las melodías suaves y tranquilas se pasaba de inmediato a las vibraciones de esos potentes bajos 808, para alternase más tarde con una cruda guitarra que en solitario, atenuaba el clímax que desde el principio ya te había cazado. Todo para allanar un terreno que te llevaba de nuevo a alcanzar ese punto álgido con el que todo el coche vibraba. Descubrí el potente y exquisito electro de la productora canadiense Rezz , en colaboración con el músico norteamericano Grabbitz en su Someone Else (Alguien más), que con solo su comienzo yo ya es que levitaba. En aquel preciso instante, me sentía tan inmerso en la alternativa cultura norteamericana que ya no sé decir si era todo parte de un sueño. Sin embargo, cuando empezó a sonar el siguiente tema: Gold (Stupid Love), del dj estadounidense Illenium, mis cimientos se tambalearon. Comencé a sentir su letra como parte de mi historia, de mi película en aquel viaje con las nuevas Thelma y Louise. Conforme avanzaba la letra, mis ojos se emocionaban cada vez más comprendiendo la premonición del destino que ante aquellos dos seres de luz me esperaba.
Comencé a sentir su letra como parte de mi historia,
de mi película en aquel viaje
con las nuevas Thelma y Louise.
[Estrofa 1]
Dos opciones en mi mente
Cuatro horas en la carretera
Dale paso al control (Oh-oh, oh)
Dale mil vueltas
Me estoy aferrando demasiado fuerte
Déjalo ir y siente el paseo
[Estribillo]
¿Es una estupidez que os ame? (Os ame)
¿Cuando nunca me sentí tan despierto?
¿Fue todo un gran error?
¿Quiero dejar que suceda? (Sucede)
¿Queréis iros?
¿Cuándo os sentís como mi alma gemela?
[Post-Estribillo]
Pero todo es oro
Y es tan bueno
[…]
[Estrofa 2]
Mirando fijamente al futuro
Solo cierra los ojos para parpadear
Este es mi santuario
Este es mi lugar para pensar
Estoy conduciendo hasta que encuentre Lo que he estado buscando
Pero está dentro
[Puente]
¿Camino sobre el vidrio cortado?
¿Corro al bosque?
¿Me paro en el fuego?
¿O me escondo de este momento?
Pues tengo miedo de perderlo todo.
[Post-Estribillo]
Pero todo es oro
Y es tan bueno
Tienes que trabajar para ello, trabajar para ello
rabaja para ello, trabaja para ello
Y por lo que deberías
Oh-oh, oh
[…]
Tras acabar la canción sentí una gran liberación y lo tomé como un gran mensaje que alguien me enviaba en aquel preciso instante de ‘un viaje inesperado‘.
Siguieron temas alegres y de superación como Teleport, de Grabbitz; o el rock alternativo de nuevas bandas americanas como Paramore con su Ain´t It Fun; o la exquisita producción del Go F*ck Urself, de Royal & The serpent, donde el estribillo me resaltó por esa ultrasaturación de voces que por momentos me recordaba al más puro estilo grunge o ‘sonido Seattle’, que tanto me ha marcado.
De repente, un voz me sacó de mi película: –Do you wanna?– (¿quieres?), me preguntaba Hunter.
– Continuará el próximo sábado 2 de marzo de 2024.
Crónica 13. ‘En el agua‘: Just in case
Comentarios (14)
Desi
¡Ohhhh! ¡Qué intriga! ¡Puedo sentir ese nerviosismo en el estómago por la situación! ¡Qué larga se va a hacer la semana esperando la siguiente entrega! 👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻
Jorge Duro
Intento transmitir, tal cual, lo que el personaje de este profesor, totalmente introducido en una nueva realidad, se encuentra, siente, ¡vive!
Enrique
Opino igual que Desi. Siempre grande Jorge, a por ellas.
Jessika Magallanes
¡¡Ay no!! Debí leer todo la próxima semana porque ahora quedé picada sin conocer qué te ofreció Hunter 🙆
Jorge Duro
Lo bueno se hace esperar Jessi. 😉
Jorge Duro
Mi propio personaje se me está yendo de las manos y está tomando más vida propia de la que yo ya le di.
Pedro
Ahora me tendré que leer el resto capítulos. Me parece genial cómo describes la situación.
Virtu
Muy interesante. Narras la experiencia de tal forma que parece que yo también voy en ese coche, disfrutando de la música. Deseando volver a leerte y ver qué te ofrece Hunter. ¿Una birra? ¿Un porro? Ya lo sabremos. Un abrazo desde España.
Jorge Duro
Siento haberte enganchado a esta saga de aventuras, pero te entiendo perfectamente pues hasta yo no puedo dejar de escribirlas. Gracias Pedro, por unirte a este fantástico club de lector@s.
Jorge Duro
Ahí es a donde quiero llegar, a ese punto de conexión con el lector donde se sienta parte de un viaje que ahora también ya es el vuestro.
Marta Justicia
¿De verdad que hasta el 2 de marzo no vamos a saber qué te dio Hunter? ¡¡Qué bien me lo paso leyéndote!!
Jorge Duro
Lo bueno se hace esperar. El próximo sábado 24 de febrero toca la Kentukiana 7: Enseñando a jugar al 'fútbol'; esto es, vivencias del cole, que luego los lectores-profes se me revelan. Gracias por tus literarios piropos.
Loreley
Me encantan tus vivencias, quiero leer más, ¡¡sigue, sigue!!! Gracias por hacernos soñar como si estuviéramos allí, viviéndolo contigo.
Jorge Duro
Muchas gracias 👌. Seguiremos 'croniqueando', kentukianamente hablando.