Crónica
13. 'En el agua': Just in case
Por Jorge Duro · 2 de marzo de 2024

(Continuación de la Crónica 12. ‘En el agua’: Un viaje inesperado)


La carretera era prácticamente para nosotros. Iríamos como a unas 60 millas por hora (entre 90 y 100 km/h), mientras por la ventanilla de la derecha iba observando, con más sombras que figuras, lo que aquel bosque me dejaba entrever. La luna brillaba en lo alto y desde la misma linde donde el asfalto acababa renacía el verdor de la vegetación, reconquistando metros y metros de terreno hasta toparse con las primeras líneas de árboles que a ambos lados flanqueaban nuestra dirección. Tras la arboleda la oscuridad, transmitiendo un tipo de respeto y atracción tan poderoso como encantador. Sentía que atravesábamos un lugar sagrado, protegido, mágico. –La nocturna naturaleza a vista de ventanilla…-, podría presentar un Rodríguez de la Fuente con su hechizante prosodia y descriptivismo, invitándonos siempre a desarrollar esa empatía que tan a menudo promulgaba hacia la naturaleza.
Sentía que atravesábamos un lugar sagrado, protegido, mágico. –La nocturna naturaleza a vista de ventanilla…-, podría presentar un Rodríguez de la Fuente con su hechizante prosodia y descriptivismo,
Serían como las 2 de la madrugada y yo en la parte trasera de aquel Toyota, mecido al vaivén de las olas del asfalto y medio hipnotizado por la música que Alyssa y Hunter ponían rumbo al lago Cumberland. Iba ensimismado haciendo acopio de lo vivido en aquellas últimas doce horas, cuando realmente me di cuenta que habían sucedido demasiadas cosas en muy poco tiempo.
No había pasado ni medio día desde que había salido del colegio, cabizbajo por pensar que sería un finde como otro cualquiera, y ahora, ni yo mismo me habría imaginado dónde estaba. Ya tenía material más que suficiente para contarlo algún día en unas buenas crónicas. Eso sin sumarle todo lo que vendría a continuación: muchas sorpresas y algún sobresalto. De repente, me di cuenta de que estaba recordando demasiado sin disfrutar la nocturnidad del viaje. Así que activé el nuevo superpoder de la parada de pensamiento (léase la nómina de superpoderes que llega a desarrollar un profesor, Kentukiana 6: ‘¿Me vuelvo o me quedo?’), para resituarme en el presente de aquel justo instante y disfrutarlo como bien se merecía. Me centré en la carretera, en lo que ellas conversaban y entré en calma.
activé el nuevo superpoder de la parada de pensamiento (léase la nómina de superpoderes que llega a desarrollar un profesor, Kentukiana 6: ‘¿Me vuelvo o me quedo?’), para resituarme en el presente de aquel justo instante y disfrutarlo como bien se merecía.
Logré hacer de aquello un ejercicio con el que aprender a saborear la presencia, de un modo consciente e intenso. Claro está que no siempre me acordaría de ponerlo en práctica pues el ser humano se despista con nada, pero ya era un hábito de entrenamiento. Por consiguiente, puedo decir que me vi en el interior de un coche rumbo a no sé donde con dos chicas que apenas conocía, tan atractivas como misteriosas, tan seductoras como esquivas y tan originales como polifacéticas, como bien pude comprobar más tarde.
tan atractivas como misteriosas, tan seductoras como esquivas
y tan originales como polifacéticas,
De esta guisa, comencé a tomar reparo de dónde estaba y de cómo diantres había llegado a parar allí. Las dos chicas guardaban un cierto halo enigmático que no hacía sino acrecentar mi curiosidad. A la vez, una gran incertidumbre acudía a mí constantemente cuestionando cómo sería el lago, dónde dormiría si es que dormiría, qué comería si es que comería, y sobre todo, ¿regresaría entero a casa?
cómo sería el lago, dónde dormiría si es que dormiría, qué comería si es que comería, y sobre todo, ¿regresaría entero a casa?
Mi temor más primario era no entender bien las conversaciones y todo lo que entre la nueva pandilla pudiese surgir. Vale que solo llevaba un mes en Kentucky, pero es que ya lo quería saber todo. Aunque una inmersión lingüística como aquella, con viaje, estancia y lago incluido, no la hubiese encontrado ni en la mejor de las agencias. Por ello mismo, no podía estar más que agradecido. Me dejaba llevar por el acontecer de cada momento, sin mucha expectativa, fluyendo y trabajando siempre de manera consciente, pues no quería perderme ni un ápice de aquella maravillosa excursión.
una inmersión lingüística como aquella, con viaje, estancia y lago incluido, no la hubiese encontrado ni en la mejor de las agencias.
Seguía disfrutando de la música cuando empecé a sentir que un hambre atroz. Sin embargo, ni ‘matar el gusanillo‘ podía, a menos que parásemos en una gasolinera y me comprara media estantería de frutos secos ya que el fast food (comida rápida), como que no me va. Intenté reacomodarme en el gran asiento a ver si se me pasaba un poco el punzante dolor de mi estómago en reserva. –Si pudiera saborear al menos unas chips, unos cacahuetes, unos anacardos tostados-, me decía a mí mismo para intentar ahuyentar la gula. Además, el peso de mis párpados junto a las cabezadas que ya daba me alertaron de que el mismo Morfeo se acababa de sentar a mi lado.
–Si pudiera saborear al menos unas chips, unos cacahuetes, unos anacardos tostados-,
En esto que estaba yo que ni sabía si echarme sobre el asiento o apoyarme contra el cristal para echar esa urgente cabezadita, cuando de repente me veo la cara de Hunter a tres palmos de mi y extendiendo su mano derecha me dice: –Do you wanna?– (¿Quieres?). Entre la oscuridad y el tenue brillo que ofrecía el tablero de mandos del coche, pude vislumbrar lo que parecía ser el envoltorio de una galleta de chocolate Oreo u otra similar. Iba en un plástico cuyo sonido al crepitar hacía que mi boca se hiciera más toda agua. –¡Una galletita de chocolate a estas horas!-, pensé, –¡qué una ni qué ocho cuartos, quiero el paquete entero!-. –Yeeaah, Of course, gimme, gimme all that you want– (¡Síii, por supuesto, dame, dame todas las que tú quieras!), le dije en un tono más que jovial, pues aquello interrumpiría la penitencia de mi vientre. Sin embargo, al coger lo que me entregó noté en seguida que apenas había galleta y que su peso era tan ligero que parecía una broma. Sí notaba algo en su interior, solo que al presionarlo la galleta se deformaba y ¡luego volvía a su forma original! -¡Es un condón!, ¡un preservativo!- reaccioné hacia mis fueros internos. Sentí la sensación de una implosión submarina en el centro de mi olvidado estómago y tanto el sueño como el hambre desaparecieron al instante. Mis globos oculares parecían dos pelotas de pin pon en mitad de la oscura noche. No sabía qué decir, aunque tampoco me hizo falta. Hunter añadió en seguida: –Just in case-, (solo en caso). Se giró y continuó platicando con Alyssa.
al coger lo que me entregó noté en seguida que apenas había galleta y que su peso era tan ligero que parecía una broma.
Me quedé a cuadros. No sabía cómo tomarme aquello ni por dónde iba la broma, si es que era una broma. Guardé el regalito en mi cartera y lo bauticé como ‘The lucky balloon‘ (‘El globito de la suerte‘). Esto me hizo recordar a mis años de instituto cuando estaba de moda llevar un preservativo en la billetera, más que nada para fardar y dárselas de ‘machito’. Lo gracioso era ver cómo con el paso del tiempo el mencionado trofeo se nos iba transformando en un viejo y aplastado cromo sin uso.
lo bauticé como ‘The lucky balloon‘ (‘El globito de la suerte‘).
La cosa es que no sé si fueron los efectos del hambre con los del sueño que me volvían de nuevo, junto a las cervezas que ingerí durante el concierto con The Mortals, que mi mente comenzó a elucubrar y a hacer de las suyas en cuanto vi que Alyssa cogía un desvío a mano derecha por un camino de tierra que se adentraba hacia las fauces del bosque. Atrás quedaba el asfalto y ahora empezaba el misterio. ¿Hacia dónde me llevaban? ¿Cómo acabaría aquello? Empecé a pensar que quizá ‘la gomita‘ de Hunter no era sino un pretexto para tenerme callado al ver que nuestra dirección del lago había cambiado. Seguíamos avanzando por un irregular terreno de baches y gravilla. Entre la música y los bamboleos del coche me sentía mecido como por una canción de cuna. Sin embargo, me gustaba nada aquel asunto y ya me veía entregado en sacrificio ante uno de los grandes espíritus de la naturaleza: el gran oso negro de Kentucky. Por ello, y tirando de dos buenos clásicos de la literatura imaginé a Alyssa y a Hunter como una suerte de personajes de entre La Celestina y el Libro de Buen Amor, convertidas ahora en lozanas serranas que me invitaban a bajar del coche y entrar en la inquietante floresta para hacer de las suyas. Ya me veía maniatado a un árbol a modo de tótem, cayendo en los embrujos de su singular akelarre. A saber lo que luego harían con el cuerpo de este inocente profesor que en calidad de enamoradizo y venturoso arcipreste, sería prontamente despojado de sus ropas pero por las afiladas zarpas de un oso negro de Kentucky.
como una suerte de personajes de entre La Celestina y el Libro de Buen Amor,
De repente, ¡mi propio ronquido me despertó! Abrí los ojos y vi que me había dormido, sentado y con la boca medio abierta. ¡Qué vergüenza si me habían escuchado! ¡Y cuántas veces me habían escuchado! Me alegré de ver que aún permanecía en el interior del Toyota y saliendo de aquel trance. Comprobé que seguíamos por la buena carretera y la gran arboleda parecía haber quedado atrás. Lo que nunca llegué a saber fue si en verdad nos metimos por aquel sendero para coger un atajo, o fue solo el decorado del inmenso sueño que me venció.
En poco más de dos horas llegamos a la meseta de Cumberland y esta vez sí fui bastante consciente de cómo el coche volvía a desviarse de la carretera, pero para llegar esta vez a nuestro destino final: la pequeña casa de Darren, uno de los nuevos amigos de la pandilla. Allí pasaríamos pasaríamos nuestra primera noche.

Estábamos en el interior de otro gran bosque. Alyssa aparcó frente a la casa y Seth salió a nuestro encuentro linterna en mano. Nada más entrar en la vivienda me acomodé en uno de los sofás a rendir cuentas con el ansiado sueño, pues en tan solo unas horas me despertaría el mismo Seth para realizar un curioso trabajo.
en tan solo unas horas me despertaría el mismo Seth para realizar un curioso trabajo.
– Continuará el próximo domingo 24 de marzo.
Crónica 14. ‘En el agua’: La gallina se implica, el cerdo se compromete
Comentarios (16)
Fénix Carmona
Me he quedado en ascuas. ¿Se viene una peli de terror, un slasher donde van cayendo todos y al final sólo quedas tú?
Jorge Duro
Quizá yo sea el asesino, o mejor el héroe que acaba con el asesino, o mejor aún, ese 'antihéroe' del que nos hablaba el profesor Juan Carlos Rodríguez, una especie de Mortadelo quijotesco, ¡el 'profe antihéroe'!
Desi
De nuevo me quedo esperando el deseado desenlace… ¿En qué quedará esto? ¿En manos de quien estaba el destino de nuestro maestro más aventurero? ¡7 días para conocer la nueva aventura en la que estás inmerso! ¡Gracias por las descripciones! ¡Son únicas! ¿¿Aún conservas el globito de la suerte en tu bolsillo?? 😉
Pedro
Ya no te mando más fotos, no vayan a entrarte ganas de volver y cortar con esta serie 🤪😜
Jorge Duro
El desenlace a esta saga 'En el agua' quizá suceda en la siguiente crónica. Pero quizá la siguiente te despierte el interés por un nuevo final. El próximo sábado no publicaré la crónica que sigue a esta, sino la Kentukiana 8, esto es, un escrito sobre lo que ocurre dentro del colegio. Voy intercalando una semana 'Crónica', otra 'Kentukiana', y así. Tendrás que esperar 14 días Desi, no 7. Respecto a si conservo eso en mi bolsillo te diré que por el momento prefiero no contestar para no adelantar acontecimientos. No spoiler. 🤫
Monica
Qué interesante todo lo que cuentas, tengo una sensación agridulce de querer ir y experimentar la experiencia de vivir como profe en Estados Unidos.
Jorge Duro
Pedro, tú sigue enviándome esas fotos preciosas de Menorca, así siempre tendré ganas de volver, y cuando lo haga no seré el mismo que cuando me fui. Desde esta otra latitud la tierra uno aprende a extrañar su otra tierra de otra forma, a sentirla de otra forma. Añoranza lo llaman. Siempre he dicho que para echar de menos algo, a veces es necesario perderlo. En este caso ni he perdido la isla ni ella a mí, simplemente siento que ha sido necesaria esta marcha provisional, para entre otras cosas seguir creciendo.
Jorge Duro
Pues nada más que te inscribas, realices las entrevistas pertinentes y serás seleccionada para vivir esta experiencia que ya te digo yo te cambia, vaya que si te cambia. Para lo que necesites: consejos, orientaciones, datos…, por aquí estaré, siempre encantado y disponible de ayudar.
Pedro
👍🫂
Alba
¡Qué fantasía! Parece la historia de un libro. A lo largo del texto me estaba preguntando si realmente habías vivido esto. ¡Un saludo!
Jorge Duro
Tal cual lo lees así lo viví y he tenido que omitir muchas otras descripciones y relatos por ajustarme a un determinado número de palabras. Será la historia de un libro. Gracias por comentar Alba.
Jorge Duro
Otro abrazo lector. Gracias por comentar Pedro.
José Luis
Bueno… Esto cada vez se pone más interesante… A ver si al final van a abusar de ti 😱 Venga, no nos abandones y sigue contándonos tus experiencias 👏🏻👏🏻👏🏻
Jorge Duro
Espera y verás lo que viene a continuación de esta crónica. Creo que cualquier descripción será poca.
Guillem
Como en las típicas pelis americanas en las que unos amigos van a pasar un fin de semana en una cabaña del bosque. Espero que la cosa no acabe como en Viernes 13 o películas parecidas. ¡Un saludo!
Jorge Duro
Lo de la cabaña en el bosque ya le hice mención en la crónica anterior (https://lectoraium.com/12-en-el-agua-parte-i-un-viaje-inesperado/), por lo que quizás te has acercado bastante a desvelar la posible continuación a este capítulo 13, como el ¡¡Viernes!! Jajajaja: o quizá no y te sorprendo con un giro que nadie esperará. ¿Quién sabe? Dentro de dos semanas se desvelará si hay motosierra o no… 😲😲 Saludos Guillem.