Crónica
6. 'En los huesos' (Parte III): Entre Texas e Indiana, un viaje por La Mancha
Por Jorge Duro · 13 de diciembre de 2023

Me acababan de reubicar del sur en Texas a los estados del medio-este, lo que ellos conocen como el mid-east. De este modo, la asesoría de Indiana que también lleva los estados de Michigan, Kentucky y Ohio, se ponía en contacto conmigo para ofrecerme nuevas entrevistas. Acepté y el 3 de mayo ya tenía tras la pantalla a la representante del Departamento de Educación de Indiana junto a la de visados. Fueron preguntas rápidas y fáciles de contestar. La anécdota fue que entré quince minutos tarde, ¡quince minutos de retraso en una entrevista de trabajo! Estaba ‘coloraíco’ como las fresas, con la camisa descompuesta y la chaqueta ‘tirá’ en el sofá. Ya pensaba que me tirarían del programa, pero ni mucho menos: andaban ‘falticos’ de profesorado y no era ese el plan. Fue debido a que tuve un problema de conexión con el enlace que me habían facilitado. En ese momento me vino como un rayo a la cabeza el famoso ‘Houston, we have a problem‘. Menos mal que Houston se llamaba Pere, un compañero del Telegram al que escribí y acudió raudo en mi auxilio ofreciéndome un atajo a través de un link secundario que significó mi salvación. Salí con muy buenas sensaciones del encuentro, aunque para nada me fiaba pues sentí lo mismo con Austin y luego mira lo que pasó, que casi del disgusto me quedo en los huesos.

Estaba ‘coloraíco’ como las fresas, con la camisa descompuesta y la chaqueta ‘tirá’ en el sofá.
Tres días más tarde la asesora de Indiana me daba la enhorabuena por haber sido seleccionado en aquella entrevista de tan solo quince minutos. -Doble logro-, pensé. Así que ahora entraba en ‘reserva’, como los militares, lo que significaba que a partir de ese momento pasaba a disposición de los distritos que habían solicitado profesores de acuerdo a mi perfil. A uno de ellos le tocaría finalmente fijar las coordenadas de mi destino, que sería el que yo eligiera.
Precisamente esa era una de las ventajas que esta nueva asesoría presentaba frente a la de Texas: si el centro o el distrito del que recibíamos la oferta no nos convencía podíamos rechazarla, siempre y cuando no llegáramos a realizar previamente la entrevista. Si la aceptabas y después rechazabas el puesto, automáticamente estarías nominado a abandonar la casa de este gran hermano que ya podría llamarse ‘SuperPPVVientes‘ o ‘PPVVip‘.
automáticamente estarías nominado a abandonar la casa de este gran hermano que ya podría llamarse ‘SuperPPVVientes‘ o ‘PPVVip‘.
Así que empecé a estudiar un poco la geografía de estos estados: bastante verde, ríos caudalosos y hasta extensos lagos. Por preferencias empecé a interesarme por la ciudad de Indianápolis en Indiana; pero luego descubrí, buceando por la red, que Cincinnati en el estado de Ohio, era mucho más recomendable desde el punto de vista musical y cultural. Me enteré de que ocupaba el número 50 en un ranking de mejores ciudades norteamericanas, cosa que para ser un país con justo cincuenta estados no estaba nada mal: tocaba decir que era la mejor ciudad de Ohio. Asimismo la relación calidad-precio tanto de alimentos como de alquileres no era muy cara, había bastante seguridad, buena sanidad y disfrutaba de un clima acorde a las estaciones del año. A partir de ese momento ‘Sinsi’ pasó a convertirse en mi nuevo Austin.
tocaba decir que era la mejor ciudad de su Ohio.
Entre el 8 y 9 de mayo comenzaron a lloverme correos y llamadas para entrevistarme de diferentes distritos de Indiana: Vincennes, Versailles; e incluso de Kentucky: Hodgenville. Pero todos muy alejados de la metrópolis y bastante parecidos a lo que podía considerarse un pequeño pueblo. Fueron como tres ofertas en solo dos días. Eran ideales si uno buscaba la bucólica y pastoril vida del campo, pero yo necesitaba un destino más urbanita; total, venía de una isla y quería cambio. Sin embargo, después de estos dos días de máxima agitación la cosa se paró de repente y pasó como algo más de un mes sin volver a tener noticias de Estados Unidos.
Llegando al ecuador de junio yo veía que serían tan escasas las posibilidades de una gran ciudad y tan escaso el tiempo que ya había para preparar todo, que empecé a perder la ilusión y la entereza con la que había aguantado hasta el momento. Mis ganas de emprender la aventura de repente se desplomaron y entré como en barrena. Me sentía hastiado por la duración y la lentitud de todo el proceso, así como contrariado por los destinos que me iban proponiendo. La filosofía del programa pregonaba venir sin muchas expectativas, con una gran open mind y sin demasiadas comparativas. Aceptar lo que te tocara, dentro de unos cánones, para ser los embajadores de nuestra lengua y cultura en un mundo nuevo, donde la docencia del español fuera como el estandarte de nuestra odisea. Y sí, todo era muy bonito y sonaba muy bien, pero a aquellas alturas del proceso y tras pasar por todos los baches habidos y por haber, se me fueron creando una especie de líneas rojas por las que ya no estaba dispuesto a pasar.
La cosa es que cuando ya daba por hecho que sería mejor probar suerte al año siguiente, sonó la campana: me escribieron de Newport, un distrito al norte del estado de Kentucky que geográficamente pertenecía a Cincinnati (Ohio), pues solo habías de cruzar los trescientos metros de puente sobre el río que separaba al distrito de la gran ciudad. Acepté la videoconferencia con la futura nueva directora y los treinta minutos los pasé con soltura. Era mi séptima entrevista y esta vez grabé la conversación en el móvil para simplemente analizarla y reírme de las salidas y dislates que pudiese haber cometido, encima en un inglés donde la gramática se había vuelto a quedar en los libros. Así son las argucias que uno se va tejiendo mientras aprende a preparar este tipo de pruebas. Era martes 13 de junio y contra toda superstición el día en que conseguí el ‘okey‘ definitivo: la ‘luz verde’ que hacía oficial la aventura.
grabé la conversación en el móvil para simplemente analizarla y reírme de las salidas y dislates que pudiese haber cometido, encima en un inglés donde la gramática se había vuelto a quedar en los libros.
Todo en mi cabeza se tambaleaba de nuevo, todo volvía a cambiar y «donde dije digo, digo Diego». Donde ya había planes para quedarse, ahora eran todo prisas por partir, buscar vuelos, cambiar dólares, alquilar la casa, vender el coche, empaquetar mis enseres que no eran pocos, despedirme de la familia y amigos, cerrar los últimos papeleos, ¿sigo? En definitiva, intenté dejar todo lo mejor atado posible para marchar tranquilo y evitar quebraderos y demás quebrantos. Creo que nunca hice tanto en tan poco tiempo.
Mientras tanto en España el curso llegaba a su fin y mis necesitadas vacaciones prometían reducirse a solo un mes y encima de infarto. Por tanto, si julio asomaba la mejilla, agosto lo empezaría ya en el nuevo país. Pero antes me esperaba el viaje a la embajada de Madrid para solicitar el visado norteamericano: una de las piezas clave del puzzle.
Era necesario acudir allí con cita previa y aunque en un principio la solían dar para bastante tarde, si insistías llamando o visitando su web de una forma más que constante acabas encontrando una buena fecha. Teniendo en cuenta que el visado tardaba unos nueve días en llegar a tu casa y para primeros de agosto debía estar ya en ‘territorio comanche’, convenía coger una cita temprana. En mi caso la conseguí adelantar del 27 al 11 de julio y días más tarde del 11 al 5 de julio; pero debía salir un día antes desde Menorca si quería llegar con tiempo a la embajada. Fue todo un rompecabezas de citas y salidas y llegadas de aviones, autobuses y trenes difícil de cuadrar. Aún así, todo se ajustó, o lo hicimos ajustar: despegué con éxito el mismo 4 de julio para estar de nuevo en casa al siguiente.
Fue todo un rompecabezas de citas y salidas y llegadas de aviones, autobuses y trenes difícil de cuadrar. Aún así, todo se ajustó, o lo hicimos ajustar.
Milagrosamente conseguí pasar la noche de aquel 4 de julio en casa de mi amigo Plácido, un profesor ‘granaíno’ que vivía con su mujer y su hijo cerca de Madrid, en una pequeña aldea de La Mancha llamada Miguel Esteban, entre El Toboso y Alcázar de San Juan. Aquella jornada la recuerdo gratamente como un fresco oasis en mitad del desierto de mi odisea. Fue como un parón dentro de la gran vorágine por la que pasaba. Así que nada más aterrizar en la T4 de Barajas cogí un bus que me condujo hasta la estación de Atocha y desde allí un tren hasta Alcázar de San Juan. Fue como una hora y media de viaje donde el ocre y selvático paisaje de cables, balizas y oxidados raíles se entremezclaba con el fresco hormigón de puentes en construcción y vagones corroídos por la soledad del tiempo. Al poco entrábamos a los tranquilos viñedos del imperturbable campo manchego, donde allí, muy a lo lejos, la tímida sombra de un desperdigado árbol acompañaba de forma tímida y quimérica las siluetas de un ingenioso caballero que en compañía de su escudero observaban la marcha de aquel tren.
donde el ocre y selvático paisaje de cables, balizas y oxidados raíles se entremezclaba con el fresco hormigón de puentes en construcción y vagones corroídos por la soledad del tiempo.
Al llegar a mi destino Plácido aguardaba en la estación, al resguardo de un recalcitrante sol que derretía hasta el pensamiento. Me mostró los encantos de su pueblo con morada, vino y alojamiento. En la piscina aplacamos la sed, brindando con vermut, risas y otros cuentos. Y de aquel encuentro le dediqué unos versos con mi más sentido agradecimiento:
Me llevó hasta las lagunas de Los Charcones,
en dirección a los cuatro molinos de viento,
que sobre una colina fornidos y esbeltos,
peinaban el aire que renovaron mi aliento.


Pasando por las lagunas de El Charcón...


... hacia los molinos de Miguel Esteban.
Me mostró los encantos de su pueblo con morada, vino y alojamiento. En la piscina aplacamos la sed, brindando con vermut, risas y otros cuentos.
Capítulo dedicado a Pere y a Plácido
(dos salvavidas en pleno mar).
– ‘En los huesos‘ (Parte IV): Embajada y fiesta de despedida. Próximo sábado 16 de diciembre de 2023 (último capítulo a esta serie).
Comentarios (15)
Elia
Joop, y la IV, me he quedao así 😭😭😭
Joan Manuel Segura Miró
Empecé a leerlo con Mirko en el instituto, al final del segundo patio. Se quedó atento escuchando y se acordaba perfectamente de ti!! Que bueno que estuvieras en casa de Plácido. Recuerdo su último día en el instituto, cuando supo que volvía la persona a la que suplía y os fuisteis a hacer música, previo paso de dejarme en el aeropuerto. :))) Esa despedida musical debió de sonar tan bien como el re-encuentro relajante en el pueblo de la mancha!! Abrazote desde Menorca y Mallorca!
Isabel
¡Me ha encantado la tercera parte, Jorge! Máster en entrevistas PPVV debes tener, seguro… ¡Esperando la IV parte con casi desespero! Es estupendo saber por dónde irán nuestros pasos si tenemos suerte en el proceso selectivo. ¡Graciasssss!
Clara
¡Me encanta como está escrito! Y qué manera de dejarte con las ganas de esperar a leer la siguiente entrega jajajajajaja 🤩
David
Parece que 'Sinsi' era el sitio que iba a tocarte desde un principio.
Jorge Duro
¿Si? ¿Te da esa impresión?
David
Sí. Además, las entrevistas te iban preparando para ello.
José Luis
Jorge lo está bordando👏. Esta entrega mantiene el interés y la calidad de los capítulos anteriores 😊
Alicia
Me encanta la manera de escribir, muy muy entretenido. Con tu lectura nos hacemos una idea de lo que nos espera los próximos meses
Jorge Duro
Gracias por tus palabras Elisa. No puedo excederme en un determinado número de palabras por entrada. Si no se haría demasiado extensa.
Jorge Duro
Sí Joan, ahora todo son gratas postales congeladas en el álbum de la memoria.
Jorge Duro
Os hago un poco de spoiler, porque los verdaderos protagonistas que continuaréis la historia seréis vosotros.
Jorge Duro
Gracias Clara. Pues nada, a preparar las palomitas y la mantita para el siguiente. XD
Jorge Duro
Puff, qué presión. ¡Intentaré mantener el nivel!
Jorge Duro
Gracias, mientras os sea interesante o al menos os arranque unas risas podremos seguir.